Miro tu rostro y recuerdo cosas que no han pasado.
Se agolpan en mi mente, agitadas cual caballo desbocado.
Siento tus manos y revivo ensoñaciones muertas tiempo atrás.
Con cada caricia viene una sonrisa para contemplar.
Con cada recuerdo, una canción que cantar.
Cada vida con distinto significado;
cada muerte acompañada de un pecado.
Sólo suspiros se lleva el amanecer. Arrancados con fuerza de lo más hondo de mi ser
Con el incierto cerrar de mis ojos apareces tú:
Con tu piel canela, tus chocolatosas pupilas chispeantes, tu rizado pelo de carbón y tu dorada sonrisa de cuarto menguante
En todos mis sueños te encuentras; entras, sales y bailas de repente.
Por más que lo niegue, de tu tierna decadencia me he enamorado nuevamente