Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Si te da hambre, busca unos labios carnosos
de esos que conocen el sabor de un beso,
de los que fabrican atajos a lugares amorosos
y sin pasar por el purgatorio, llegan al cielo.
Si te da vergüenza, quítala del camino
y desabrocha los botones que sobran,
ten presente que entre la lengua y el ombligo
hay sabores que gustan más si se roban.
Si te da sed, ponme un poco de agua en el pecho,
bébela despacio, que no tenemos prisa,
deja que mis dedos se pongan al acecho
de la piel que se te oculta a simple vista.
Me pongo de arrodillas y me confieso…
confieso que hay cosas de la lujuria en que soy virgen,
confieso que hay malos pensamientos aunque rezo
y tengo una flotilla de barcos que me eximen,
navegando sin saber que gimo entre tus caricias
y que había un muelle donde bendecías mis excesos.
Parecemos novios, pero no de esos mojigatos,
no de esos que se sonrojan si se besan,
parecemos novios de esos que apartan los platos
y en vez de cereal, sirven sus cuerpos a la mesa.
Nunca he entendido a los vegetarianos,
eso de no comer carne ha de ser pecado,
si yo imagino tu carne y sus cortes delicados,
y sirvo dos pensares a imaginarte de cena,
yo apartando el mantel y tú alistando tus labios.
Ya no visito ni al médico,
desde que puse mis dos cabezas a pensar en ti
descubrí que para una rápida sesión de remedios
bastamos los dos, atados a nuestra ropa en el jardín.
de esos que conocen el sabor de un beso,
de los que fabrican atajos a lugares amorosos
y sin pasar por el purgatorio, llegan al cielo.
Si te da vergüenza, quítala del camino
y desabrocha los botones que sobran,
ten presente que entre la lengua y el ombligo
hay sabores que gustan más si se roban.
Si te da sed, ponme un poco de agua en el pecho,
bébela despacio, que no tenemos prisa,
deja que mis dedos se pongan al acecho
de la piel que se te oculta a simple vista.
Me pongo de arrodillas y me confieso…
confieso que hay cosas de la lujuria en que soy virgen,
confieso que hay malos pensamientos aunque rezo
y tengo una flotilla de barcos que me eximen,
navegando sin saber que gimo entre tus caricias
y que había un muelle donde bendecías mis excesos.
Parecemos novios, pero no de esos mojigatos,
no de esos que se sonrojan si se besan,
parecemos novios de esos que apartan los platos
y en vez de cereal, sirven sus cuerpos a la mesa.
Nunca he entendido a los vegetarianos,
eso de no comer carne ha de ser pecado,
si yo imagino tu carne y sus cortes delicados,
y sirvo dos pensares a imaginarte de cena,
yo apartando el mantel y tú alistando tus labios.
Ya no visito ni al médico,
desde que puse mis dos cabezas a pensar en ti
descubrí que para una rápida sesión de remedios
bastamos los dos, atados a nuestra ropa en el jardín.