Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al caminar por la cornisa de tus formas
junté mis manos, me hinqué de rodillas,
pero no me atreví.
La malsana tentativa calcinó el deseo,
leyes de gravedad para el fatal descenso;
insuperable verticalidad que asfixia y
deviene en desintegración.
Debía generar levedad, volar hacia el cielo,
evitar el luto imaginario del infierno.
Sólo en las intensidades del amor se
consigue transgredir el deseo tormentoso
del alma.
Un parto de convicciones me dicta que debería
dejar de ser yo mismo.
Cada fisura, cada gesto arrastra la fisura y
delata el miedo.
El pecado capital se coagula en las alabanzas
al amor sin tope, sin medida.
Torrente de sudores alquimia de la ironía,
alquimia del desamparo y de la encrucijada,
pues la ráfaga del amor persevera cuando
ya no hay otra salida...
junté mis manos, me hinqué de rodillas,
pero no me atreví.
La malsana tentativa calcinó el deseo,
leyes de gravedad para el fatal descenso;
insuperable verticalidad que asfixia y
deviene en desintegración.
Debía generar levedad, volar hacia el cielo,
evitar el luto imaginario del infierno.
Sólo en las intensidades del amor se
consigue transgredir el deseo tormentoso
del alma.
Un parto de convicciones me dicta que debería
dejar de ser yo mismo.
Cada fisura, cada gesto arrastra la fisura y
delata el miedo.
El pecado capital se coagula en las alabanzas
al amor sin tope, sin medida.
Torrente de sudores alquimia de la ironía,
alquimia del desamparo y de la encrucijada,
pues la ráfaga del amor persevera cuando
ya no hay otra salida...
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