Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nunca te pregunté si estabas bien,
miré que sonreías coreando melodías
y asumí que no te sentías rehén,
no pensé que las carcajadas las fingías.
Nunca me contaste que soñabas con el mar,
aparcamos lento en medio del desierto
y así tal cual fui descubriendo que soñar
no es nada fácil, requiere su talento.
Nunca te pregunté si te quedaba bien aquél vestido,
si te cerraba el broche dorado,
si tu corazón caducaba con su latido
o si el último beso lo habías llorado...
O si el último beso lo habías llorado.
Nunca dijiste nunca y yo creí que volabas libre,
que cuando me mirabas era un esplendor,
no me contaste que mi boca era del calibre
de los infiernos donde muere el amor.
Nunca apuraste el paso, siempre fuiste caminando,
mis prisas y mi estupidez me servirán de abrigo,
hoy cuando escuché que ya te ibas marchando
me sentí bien por ti, porque no moriste conmigo.
miré que sonreías coreando melodías
y asumí que no te sentías rehén,
no pensé que las carcajadas las fingías.
Nunca me contaste que soñabas con el mar,
aparcamos lento en medio del desierto
y así tal cual fui descubriendo que soñar
no es nada fácil, requiere su talento.
Nunca te pregunté si te quedaba bien aquél vestido,
si te cerraba el broche dorado,
si tu corazón caducaba con su latido
o si el último beso lo habías llorado...
O si el último beso lo habías llorado.
Nunca dijiste nunca y yo creí que volabas libre,
que cuando me mirabas era un esplendor,
no me contaste que mi boca era del calibre
de los infiernos donde muere el amor.
Nunca apuraste el paso, siempre fuiste caminando,
mis prisas y mi estupidez me servirán de abrigo,
hoy cuando escuché que ya te ibas marchando
me sentí bien por ti, porque no moriste conmigo.