elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Traigo a una poeta de mi tierra, Pura Vázquez, nació en Orense, en 1918 y allí mismo murió, 88 años más tarde, en 2006. Empezó a escribir con apenas 14 años. Fue una de las primeras en publicar en gallego en revistas y periódicos. Vivió en varias ciudades como en Madrid, A Coruña o Caracas. Pero volvió a Orense, a mirar "O salto do can" desde su balcón, junto a su hermana Dora Vázquez, también escritora.
Emigró a Venezuela en el 55, y allí hizo muchas cosas, pero una de las que más me gusta es que dirigió un jardín de infancia, uno de los pioneros en Venezuela.
Siempre la vi muy avanzada a su tiempo, era una mujer de hoy en el 55 y una mujer de hoy en el 2000, aunque tenía sus cositas fruto de la educación de aquellos tiempos.
Si os interesa saber más, podeis acudir a la Wikipedia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Pura_Vázquez
No sé porque he escogido este poema, quizás por la temática, abordada en numerosas ocasiones últimamente, podría decir que conozco a fondo su poesía, pero no es verdad, o que las conocí en uno de los numerosos homenajes, a alguno asistí, pero mi relación con ellas nada tuvo que ver con la poesía. A los 17 y cuando repetía tercero de bup, para poder pagarme mis estudios y mis salidas nocturnas y diurnas, empecé a trabajar con ellas; las cuidaba, les hacía la comida y les limpiaba su casa. Me trataban muy bien y tengo muy buen recuerdo de ellas. Mi relación nunca se cortó, teníamos a mi madre como nexo, y en los últimos años fue ella quien se ocupó del cuidado de ambas.
Tengo muchos libros en mi casa firmados por ellas, pero en esos años la única poesía que conocía y me interesaba era la que salía de los altavoces, mientras me tomaba una copa con mis amigos.
Ahora las estoy leyendo con calma y detenimiento, como se merecían.
Así pues, un pequeño homenaje para limpiar mi conciencia y no haberlas visitado demasiado en los últimos años. Llevo con este poema un par de días y cada vez me gusta más, pero es verdad que lo leo con muchísimo cariño. Un poema de Pura Vázquez, para mí, doña Pura, así las llamaba doña Pura y doña Dora, siempre han sido así para mí y siempre será así. Espero que os guste.
Antonia Mauro del Blanco
O meu mundo
Mentres que todo xace entre o pó e a vertixen,
eu volto os ollos a un mundo nado cada día.
Un mundo inocente onde os paxaros coroan os cumios.
Un mundo cotián que fago meu intre a intre.
Un mundo largo coma un largo brazo de soidade.
Nil caben todos os cantos, todo o que é nidio e lene,
todos os amores, toda a dozura. Unha fonda
paz lle rube ata nós por os estrilos da ialma,
entre as codias enlevadas do aborrecemento.
No meu mundo non tén cabemento a violencia,
as horas malditas mensaxeiras de morte.
Porque eu adoro a morneza, o saibo óptimo das colleitas,
a nobre voz, a fartura arreitada entre todos,
ollar saíz un sol amable por detrás das persianas,
que brille nos ollos un atadallo de luz.
Pero todo se troca cando a radio fala de países en loita,
dos nenos famentos, de bombas e tanques.
Cando escoito berrar maldizóns ó redor
e vexo as imaxes na pequeña pantalla
dos que con enganos manexan as xentes sinxelas;
o lume intencionado e o crime
aburando sen trégola os montes e as ciudades.
Entón penso se é verdade que o meu pequeño mundo me pertence
se pode ser meu, cando o ceo amorea o loito
nos ancos do planeta e surxen anémicos,
maltreitos ou sangueantes os rostos dos homes
na miña memoria, coma un presente acoitelado.
Pura Vázquez, Ourense 24-8-1991
Mi mundo
Mientras que todo duerme entre el polvo y el vértigo
yo vuelvo mis ojos a un mundo que nace cada día.
Un mundo inocente donde los pájaros coronan las cumbres.
Un mundo cotidiano que hago mío a cada instante.
Un mundo largo como un largo brazo de soledad.
En él caben todos los cantos, todo lo que es claro y suave,
todos los amores, toda la dulzura. Una profunda
paz que trepa hasta nosotros por los estribos del alma
entre las cortezas elevadas del odio.
En mi mundo no tiene cabida la violencia,
las horas malditas mensajeras de muerte.
Porque yo adoro la templanza, el sabor óptimo de las cosechas,
la voz noble, la abundancia conseguida entre todos
ver como sale el sol amablemente por detrás de las persianas
que brille en los ojos como un manojo de luz.
Pero todo cambia cuando la radio habla de países en lucha,
de niños hambrientos, de bombas y tanques.
Cuando escucho gritar maldiciones a mi alrededor
y veo las imágenes en la pequeña pantalla
de los que con engaños manejan a la gente sencilla;
y el fuego intencionado y el crimen
arrasando sin tregua los montes y ciudades.
Entonces pienso si es verdad que mi pequeño mundo me pertenece
si puede ser mío, cuando el cielo se une al luto
a los lados del planeta y surgen anémicos
maltrechos y sangrantes los rostros de los hombres
en mi memoria, como un presente acuchillado.
Pura Vázquez, Orense 24-8-1991
Emigró a Venezuela en el 55, y allí hizo muchas cosas, pero una de las que más me gusta es que dirigió un jardín de infancia, uno de los pioneros en Venezuela.
Siempre la vi muy avanzada a su tiempo, era una mujer de hoy en el 55 y una mujer de hoy en el 2000, aunque tenía sus cositas fruto de la educación de aquellos tiempos.
Si os interesa saber más, podeis acudir a la Wikipedia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Pura_Vázquez
No sé porque he escogido este poema, quizás por la temática, abordada en numerosas ocasiones últimamente, podría decir que conozco a fondo su poesía, pero no es verdad, o que las conocí en uno de los numerosos homenajes, a alguno asistí, pero mi relación con ellas nada tuvo que ver con la poesía. A los 17 y cuando repetía tercero de bup, para poder pagarme mis estudios y mis salidas nocturnas y diurnas, empecé a trabajar con ellas; las cuidaba, les hacía la comida y les limpiaba su casa. Me trataban muy bien y tengo muy buen recuerdo de ellas. Mi relación nunca se cortó, teníamos a mi madre como nexo, y en los últimos años fue ella quien se ocupó del cuidado de ambas.
Tengo muchos libros en mi casa firmados por ellas, pero en esos años la única poesía que conocía y me interesaba era la que salía de los altavoces, mientras me tomaba una copa con mis amigos.
Ahora las estoy leyendo con calma y detenimiento, como se merecían.
Así pues, un pequeño homenaje para limpiar mi conciencia y no haberlas visitado demasiado en los últimos años. Llevo con este poema un par de días y cada vez me gusta más, pero es verdad que lo leo con muchísimo cariño. Un poema de Pura Vázquez, para mí, doña Pura, así las llamaba doña Pura y doña Dora, siempre han sido así para mí y siempre será así. Espero que os guste.
Antonia Mauro del Blanco
O meu mundo
Mentres que todo xace entre o pó e a vertixen,
eu volto os ollos a un mundo nado cada día.
Un mundo inocente onde os paxaros coroan os cumios.
Un mundo cotián que fago meu intre a intre.
Un mundo largo coma un largo brazo de soidade.
Nil caben todos os cantos, todo o que é nidio e lene,
todos os amores, toda a dozura. Unha fonda
paz lle rube ata nós por os estrilos da ialma,
entre as codias enlevadas do aborrecemento.
No meu mundo non tén cabemento a violencia,
as horas malditas mensaxeiras de morte.
Porque eu adoro a morneza, o saibo óptimo das colleitas,
a nobre voz, a fartura arreitada entre todos,
ollar saíz un sol amable por detrás das persianas,
que brille nos ollos un atadallo de luz.
Pero todo se troca cando a radio fala de países en loita,
dos nenos famentos, de bombas e tanques.
Cando escoito berrar maldizóns ó redor
e vexo as imaxes na pequeña pantalla
dos que con enganos manexan as xentes sinxelas;
o lume intencionado e o crime
aburando sen trégola os montes e as ciudades.
Entón penso se é verdade que o meu pequeño mundo me pertence
se pode ser meu, cando o ceo amorea o loito
nos ancos do planeta e surxen anémicos,
maltreitos ou sangueantes os rostos dos homes
na miña memoria, coma un presente acoitelado.
Pura Vázquez, Ourense 24-8-1991
Mi mundo
Mientras que todo duerme entre el polvo y el vértigo
yo vuelvo mis ojos a un mundo que nace cada día.
Un mundo inocente donde los pájaros coronan las cumbres.
Un mundo cotidiano que hago mío a cada instante.
Un mundo largo como un largo brazo de soledad.
En él caben todos los cantos, todo lo que es claro y suave,
todos los amores, toda la dulzura. Una profunda
paz que trepa hasta nosotros por los estribos del alma
entre las cortezas elevadas del odio.
En mi mundo no tiene cabida la violencia,
las horas malditas mensajeras de muerte.
Porque yo adoro la templanza, el sabor óptimo de las cosechas,
la voz noble, la abundancia conseguida entre todos
ver como sale el sol amablemente por detrás de las persianas
que brille en los ojos como un manojo de luz.
Pero todo cambia cuando la radio habla de países en lucha,
de niños hambrientos, de bombas y tanques.
Cuando escucho gritar maldiciones a mi alrededor
y veo las imágenes en la pequeña pantalla
de los que con engaños manejan a la gente sencilla;
y el fuego intencionado y el crimen
arrasando sin tregua los montes y ciudades.
Entonces pienso si es verdad que mi pequeño mundo me pertenece
si puede ser mío, cuando el cielo se une al luto
a los lados del planeta y surgen anémicos
maltrechos y sangrantes los rostros de los hombres
en mi memoria, como un presente acuchillado.
Pura Vázquez, Orense 24-8-1991
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