Víctor Mileo
Poeta adicto al portal
Tú adivinas la fragancia
de una mirada que pasa
los otoños de tus ojos pendulean
llorosos la hoja que desprende.
El nervio del àrbol no podado.
El único árbol del planeta.
La única sombra no podada
de esa marea no quieta.
Tu corazón tiene un esqueleto que
se desnuda y habita otra marea rota.
Marea de plata desnuda cuchillo
arando el frío invierno
del río con la sonrisa de la niña
acunada en derrota.
Migrando el compromiso.
Que las rutas de tus ojos.
Finas ruinas de esbeltez.
Tiñen de violáceo sepulcro.
La irradiación de su ser.
No avances meditabundo sin techo.
El corazón de tu esqueleto
rumia tangencial la sonrisa
Podrida por el sueño.
Oasis.
Reservados todos los derechos©
.
de una mirada que pasa
los otoños de tus ojos pendulean
llorosos la hoja que desprende.
El nervio del àrbol no podado.
El único árbol del planeta.
La única sombra no podada
de esa marea no quieta.
Tu corazón tiene un esqueleto que
se desnuda y habita otra marea rota.
Marea de plata desnuda cuchillo
arando el frío invierno
del río con la sonrisa de la niña
acunada en derrota.
Migrando el compromiso.
Que las rutas de tus ojos.
Finas ruinas de esbeltez.
Tiñen de violáceo sepulcro.
La irradiación de su ser.
No avances meditabundo sin techo.
El corazón de tu esqueleto
rumia tangencial la sonrisa
Podrida por el sueño.
Oasis.
Reservados todos los derechos©
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