BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un orden de sistemas
abolido en la penumbra
nacida del resentimiento
oblitera las masas concéntricas
obliga a la ardiente primavera
constituida como falo orgánico
material fácilmente degradado
insistente en formas arrebatadas
como cuerpos erosionados en ondas
célibes. ¡Oh, el llanto inmune a rebeldías,
cómo cruje el horizonte perplejo de mañanas,
cómo alimenta el desdén el harapo de sangre
y vísceras que alterna tu vómito amoroso!
Lágrimas intermitentes sangres ociosas
puños abiertos a mareas, rocíos entrañables,
escarchas que basculan su odio entorno a mi ser
intransigente, un vestido o un atuendo de digna
aquiescencia. Y el óbito
perfumado que ataca un confabulación
de heces y lenguas fecales.
Un orden de sistemas
falo congratulado en las marismas indigentes
en el polvo incesante de las carreteras marchitas,
las autopistas indeseables, los espacios inmarcesibles,
las marejadas del océano, el odio irredento
la petulancia orquídea negra de mi lamento.
Llevo en mi memoria
cruentas fábulas de insidias permanentes,
de deplorables cánticos de azucena y peonía,
de albañilerías reconstruidas por áreas cálidas,
nubes de informe fogosidad, el bronco estipendio
de las masas aéreas derrumbadas sobre mi frente atlética.
¡Oh, odios, amores, disueltos en las lágrimas indiferentes!©
abolido en la penumbra
nacida del resentimiento
oblitera las masas concéntricas
obliga a la ardiente primavera
constituida como falo orgánico
material fácilmente degradado
insistente en formas arrebatadas
como cuerpos erosionados en ondas
célibes. ¡Oh, el llanto inmune a rebeldías,
cómo cruje el horizonte perplejo de mañanas,
cómo alimenta el desdén el harapo de sangre
y vísceras que alterna tu vómito amoroso!
Lágrimas intermitentes sangres ociosas
puños abiertos a mareas, rocíos entrañables,
escarchas que basculan su odio entorno a mi ser
intransigente, un vestido o un atuendo de digna
aquiescencia. Y el óbito
perfumado que ataca un confabulación
de heces y lenguas fecales.
Un orden de sistemas
falo congratulado en las marismas indigentes
en el polvo incesante de las carreteras marchitas,
las autopistas indeseables, los espacios inmarcesibles,
las marejadas del océano, el odio irredento
la petulancia orquídea negra de mi lamento.
Llevo en mi memoria
cruentas fábulas de insidias permanentes,
de deplorables cánticos de azucena y peonía,
de albañilerías reconstruidas por áreas cálidas,
nubes de informe fogosidad, el bronco estipendio
de las masas aéreas derrumbadas sobre mi frente atlética.
¡Oh, odios, amores, disueltos en las lágrimas indiferentes!©