ASTRO_MUERTO
Poeta fiel al portal
I
Andante con moto
Al acabar esta maldita generación es posible nos vayamos todos a la mierda
así que no vamos a perder el tiempo preocupándonos por imbecilidades,
es decir, la única diferencia entre yo y los aficionados es que yo no temo; por ejemplo,
durante una larga caminata por el Bellas Artes
le aseguro a mi María: “mira bien a tu alrededor,
la mayoría de la gente que estás viendo no existe, María, sólo sombras,
un mecanismo para maximizar la eficiencia de la máquina,
y en esto Dios es austero;
ya lo sabes, todo conocimiento especulativo posible de la razón…
en fin, y no sabes cuánto imbécil…
pero me imagino que no querrás leer cosas tan aburridas –Ella asiente con la cabeza,
pero en escala de grises.
Minutos más tarde nos hallamos contemplando el Fango Original,
ojo con los desarrolladores,
cuando de pronto irrumpe crítico diciendo:
“Escala de grises… propia de quienes no quieren abolir la memoria,
estaciones desiertas,
rieles que no van a ni un lado,
borrachos botados a lo largo de la vía,
toda vez que hablan de la historia y los errores,
y tienen hijos,
pero los sacrifican a los ídolos,
es decir,
odian creyendo que aman y aún se sienten Cristos,
tomad pues, vuestras taras,
clavaos y crucificaos,
no resucitéis…
II
Allegro Scherzando
Nosotros, como admiradores de Dalí
aborrecemos las formas estáticas,
practicamos, pues, la pareidolia;
cuando la abundancia nos Matta trazamos un trazo hasta ver pasar a tu tía en enaguas;
pasa un saco de peras,
pasa un teléfono de baquelita tarareando el motivo del destino;
pasa un Canis lupus familiaris con chaleco
o un Felis silvestris catus lamiéndose los icosaedros truncados;
pasa Cantinflas,
pasa el Chavo;
pasa Ravel hasta las bolas del bolero;
pasa un Chincol chiflando la obertura 1812 de Tchaikovsky:
para imitar el estruendo de los cañonazos azota el pico contra una marraqueta,
para emular el tañido de campanas utiliza los testículos (ignoro cómo se dirá esto en l’argot du sexe, por lo que me inclino por las rusas antes que por las francesas);
pasa un desfile de infinitos neonatos con sus respectivas mamas,
puérperas púberes, diríase, adiestradas por el plástico de Jesmar;
pasa tu hermana con los sueños al aire
y una gran pena de silicona en su finita boca;
pasa Mandolino,
pasa el Náufrago,
pasan los Académicos de la lengua (Daniel Vilches está pensando en tu hermana, la mira lascivo, sicalíptico);
pasan los Atletas de la Risa a 73 kilómetros por hora: Jajajajajajajajajajajajaja;
pasa la antología completa de variopintos poetas de los cuales prescindo;
pasa un lote de güevones con Smartphones posteando güevadas en contra del sistema desde Tweeter o Facebook with un tacho de Starbucks in the left hand y continúan, y hacen una raya y parpadean,
y asisten a reuniones repletas de patéticos poetas que se copian los unos a los otros
mientras que se rascan los buches columbiformes o levantan el copete haciendo alarde de sus plumas y miserias,
trenes les trepanen,
imbéciles,
míseros,
blasfemos,
y no me importa como lávense las bocas de su pozo proso y falaz, atroz y repugnante de idilios,
porque grande farsa avientan avanzando en el sentido inverso de la ruta,
de lo práctico y lo lógico, del camino más obvio,
mientras que se soban los lomos arrogándose la idea de arte balbuceando fitolalia de siniestra a siniestra;
pasan machos ancianos corriendo mundo abajo a las farmacias:
tras adquirir Sildenafil
retornan con grandiosa sonrisa y una tremenda corneta
se escucha allá a lo lejos,
mientras que Julieta, empecinada en continuar sumando imbéciles al mundo
whatsappea a su Romeo: «¡sin condón, güevón,
o si no, no te doy la pasá!»
III
Adagio Maestoso
Y me pregunto
si acabado este poema será propicio eliminar los puntos y las comas,
o si suena mejor así,
si acaso sería conveniente suprimir algunos trozos a cambio de otros más floridos y melosos, acorde a la opinión del burrerío,
o si le doy no más, como que he sido paco y sin temor a los 30 que crujen murmurando que el segundo acto ocurre más a prisa,
porque la historia es un espejo que se mira en el espejo,
prepotente,
como un relámpago que cae desde lo alto destrozando robles mientras erige cipreses,
porque el tiempo está pesando y la entropía arremete,
primero contra mí,
después contra nosotros,
y se cierne una sombra negra sobre el cielo azulado.
Qué más da,
nunca quise tener hijos.
Al acabar esta maldita generación es posible nos vayamos todos a la mierda, lejos…
Andante con moto
Al acabar esta maldita generación es posible nos vayamos todos a la mierda
así que no vamos a perder el tiempo preocupándonos por imbecilidades,
es decir, la única diferencia entre yo y los aficionados es que yo no temo; por ejemplo,
durante una larga caminata por el Bellas Artes
le aseguro a mi María: “mira bien a tu alrededor,
la mayoría de la gente que estás viendo no existe, María, sólo sombras,
un mecanismo para maximizar la eficiencia de la máquina,
y en esto Dios es austero;
ya lo sabes, todo conocimiento especulativo posible de la razón…
en fin, y no sabes cuánto imbécil…
pero me imagino que no querrás leer cosas tan aburridas –Ella asiente con la cabeza,
pero en escala de grises.
Minutos más tarde nos hallamos contemplando el Fango Original,
ojo con los desarrolladores,
cuando de pronto irrumpe crítico diciendo:
“Escala de grises… propia de quienes no quieren abolir la memoria,
estaciones desiertas,
rieles que no van a ni un lado,
borrachos botados a lo largo de la vía,
toda vez que hablan de la historia y los errores,
y tienen hijos,
pero los sacrifican a los ídolos,
es decir,
odian creyendo que aman y aún se sienten Cristos,
tomad pues, vuestras taras,
clavaos y crucificaos,
no resucitéis…
II
Allegro Scherzando
Nosotros, como admiradores de Dalí
aborrecemos las formas estáticas,
practicamos, pues, la pareidolia;
cuando la abundancia nos Matta trazamos un trazo hasta ver pasar a tu tía en enaguas;
pasa un saco de peras,
pasa un teléfono de baquelita tarareando el motivo del destino;
pasa un Canis lupus familiaris con chaleco
o un Felis silvestris catus lamiéndose los icosaedros truncados;
pasa Cantinflas,
pasa el Chavo;
pasa Ravel hasta las bolas del bolero;
pasa un Chincol chiflando la obertura 1812 de Tchaikovsky:
para imitar el estruendo de los cañonazos azota el pico contra una marraqueta,
para emular el tañido de campanas utiliza los testículos (ignoro cómo se dirá esto en l’argot du sexe, por lo que me inclino por las rusas antes que por las francesas);
pasa un desfile de infinitos neonatos con sus respectivas mamas,
puérperas púberes, diríase, adiestradas por el plástico de Jesmar;
pasa tu hermana con los sueños al aire
y una gran pena de silicona en su finita boca;
pasa Mandolino,
pasa el Náufrago,
pasan los Académicos de la lengua (Daniel Vilches está pensando en tu hermana, la mira lascivo, sicalíptico);
pasan los Atletas de la Risa a 73 kilómetros por hora: Jajajajajajajajajajajajaja;
pasa la antología completa de variopintos poetas de los cuales prescindo;
pasa un lote de güevones con Smartphones posteando güevadas en contra del sistema desde Tweeter o Facebook with un tacho de Starbucks in the left hand y continúan, y hacen una raya y parpadean,
y asisten a reuniones repletas de patéticos poetas que se copian los unos a los otros
mientras que se rascan los buches columbiformes o levantan el copete haciendo alarde de sus plumas y miserias,
trenes les trepanen,
imbéciles,
míseros,
blasfemos,
y no me importa como lávense las bocas de su pozo proso y falaz, atroz y repugnante de idilios,
porque grande farsa avientan avanzando en el sentido inverso de la ruta,
de lo práctico y lo lógico, del camino más obvio,
mientras que se soban los lomos arrogándose la idea de arte balbuceando fitolalia de siniestra a siniestra;
pasan machos ancianos corriendo mundo abajo a las farmacias:
tras adquirir Sildenafil
retornan con grandiosa sonrisa y una tremenda corneta
se escucha allá a lo lejos,
mientras que Julieta, empecinada en continuar sumando imbéciles al mundo
whatsappea a su Romeo: «¡sin condón, güevón,
o si no, no te doy la pasá!»
III
Adagio Maestoso
Y me pregunto
si acabado este poema será propicio eliminar los puntos y las comas,
o si suena mejor así,
si acaso sería conveniente suprimir algunos trozos a cambio de otros más floridos y melosos, acorde a la opinión del burrerío,
o si le doy no más, como que he sido paco y sin temor a los 30 que crujen murmurando que el segundo acto ocurre más a prisa,
porque la historia es un espejo que se mira en el espejo,
prepotente,
como un relámpago que cae desde lo alto destrozando robles mientras erige cipreses,
porque el tiempo está pesando y la entropía arremete,
primero contra mí,
después contra nosotros,
y se cierne una sombra negra sobre el cielo azulado.
Qué más da,
nunca quise tener hijos.
Al acabar esta maldita generación es posible nos vayamos todos a la mierda, lejos…
Última edición: