Ros3l Nocturn@
Poeta recién llegado
En la penumbra de la noche,
la luna refleja en su oculta mirada
el misterio que encierra sus ojos apagados,
recuerdo de años quejumbrosos,
o de ideas suicidas de su destino,
esta noche silenciosa exhíbia los reflejos
de su propio espejo que no disimulaba
su enjaretado rostro herido,
mi ser se desgarra al verlo;
mientras las alas de un búho extienden
la salida a la luz sin temor de muerte,
porque los que la protegen nunca temen;
la bohemia noche, divaga junto con el viento
alcanzando ver la luz o la sombra
entre mazmorras, la pesadilla se esconde y
la llave del tiempo no la detiene,
la noche aprecia con nostalgia su momento
observando tras una persiana el escondite
para hallar la salida y
esperando cumplir antes su sentencia
y resurgir nuevamente sin temer al infierno;
de vuelta su mente en nuestro mundo
parece no entender su camino,
e inesperadamente lame, con su esencia,
las confundidas alas del búho herido,
por un filudo corte, cuando, éste, solía perderse
en los castillos de noche;
momentos que sobrepasan las dimensiones del destino,
mientras garúa en los pétalos de una rosa negra,
que yace marchita en su mirar.
la luna refleja en su oculta mirada
el misterio que encierra sus ojos apagados,
recuerdo de años quejumbrosos,
o de ideas suicidas de su destino,
esta noche silenciosa exhíbia los reflejos
de su propio espejo que no disimulaba
su enjaretado rostro herido,
mi ser se desgarra al verlo;
mientras las alas de un búho extienden
la salida a la luz sin temor de muerte,
porque los que la protegen nunca temen;
la bohemia noche, divaga junto con el viento
alcanzando ver la luz o la sombra
entre mazmorras, la pesadilla se esconde y
la llave del tiempo no la detiene,
la noche aprecia con nostalgia su momento
observando tras una persiana el escondite
para hallar la salida y
esperando cumplir antes su sentencia
y resurgir nuevamente sin temer al infierno;
de vuelta su mente en nuestro mundo
parece no entender su camino,
e inesperadamente lame, con su esencia,
las confundidas alas del búho herido,
por un filudo corte, cuando, éste, solía perderse
en los castillos de noche;
momentos que sobrepasan las dimensiones del destino,
mientras garúa en los pétalos de una rosa negra,
que yace marchita en su mirar.
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