Te leo en las puestas del sol, a través de los cristales
En esas sendas, que transitan solitarias, palpándome las plantas
Beso la oscuridad de los te quiero, de los para siempre
Ánimas perdidas, en la soledad del cuarto, bufones ladinos
Que ríen con rencor, la imposibilidad de vencer el orgullo
Y mis manos, mascullan el recuerdo de tu textura
Palpan el cadáver frío, de un inexistente fuego
Que hoy, solo de cenizas y promesas de fénix se jacta
Pero ya no tiene magia, perdió la resurrección
La dejó caer, en la última de sus falsas promesas
Que duerme, junto a este cuerpo, este recipiente
Moldeado en la arcilla de los caprichos, belicosos berrinches
Autora del óleo que adopte por mundo, también ahora
De éste que apadrine de infierno, tatuado sufrimiento
Por las agujas de tus dedos, esos aguijones amados
Tantas veces adorados, dignos de paganos rituales
Donde el único sacrificio aceptado, es la cordura
Esa que te llevaste como pareja, abandonándome
Ermitaño en la cueva de mis miedos, viendo el reflejo
En la ciénaga, en un desdibujado espejo de incoherencias
Que amanece con tu sonrisa adultera, y anochece con su partida.
DeliriusTremens