Prisca Guerrero
Poeta recién llegado
La certeza
de que pensás en mí,
de que rezás por mí,
me cobija
caliente y confortable;
y la distancia
a veces, cuando estoy cuerda
es la distancia segura
de un viaje a la playa,
la línea que me separa del árbol,
la arena tibia entre el mar y yo.
Está bien la distancia, entonces,
están bien las dosis,
tus palabras que,
legendarias,
me resuenan a pesar del tiempo.
Lo que no me calza
es esta sospecha de estar a punto:
de estallar,
de morir de nostalgia,
de convertir un buen recuerdo
es un mal melodrama
de tirarme de cabeza
en la pira imaginaria,
de aniquilarme en tus ojos
-cósmicos agujeros negros-
Lo que no me calza
es la serenidad que se niega
y deja a su paso
la ansiedad de las causas imposibles.
de que pensás en mí,
de que rezás por mí,
me cobija
caliente y confortable;
y la distancia
a veces, cuando estoy cuerda
es la distancia segura
de un viaje a la playa,
la línea que me separa del árbol,
la arena tibia entre el mar y yo.
Está bien la distancia, entonces,
están bien las dosis,
tus palabras que,
legendarias,
me resuenan a pesar del tiempo.
Lo que no me calza
es esta sospecha de estar a punto:
de estallar,
de morir de nostalgia,
de convertir un buen recuerdo
es un mal melodrama
de tirarme de cabeza
en la pira imaginaria,
de aniquilarme en tus ojos
-cósmicos agujeros negros-
Lo que no me calza
es la serenidad que se niega
y deja a su paso
la ansiedad de las causas imposibles.