• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Octubreanos

Monje Mont

Poeta reconocido en el portal
Octubreanos

…Bañabas fugaz la ventana
y los nimbos te llamaron octubre. Mi ánimo al viento, como hojas del árbol
donde nacieron mis cuentos. A plomo tu cuerpo
en el sino incierto del norte y del sur, del este y oeste… Por cualquier camino
eras buena. Las gentes pronunciaban tu nombre
con su última luz encendida, como si supieran de ti lo que saben de otros:
de los pájaros que robaron las migas mientras pretendíamos sus alas,
de las verdades que el Lobo confió al cazador, y de su resignación al cuchillo.

Mis sueños deslicé en tu silueta. De rojo, al azar te acercabas.
Yo imaginaba auditorios;
y de pronto tú, vertías mis miradas por todo tu cuerpo,
como si no las quisieras.

Fuimos orugas, insectos, fuimos la hipótesis de nuevas especies.
Argumentamos tendencias, voluntad para cosas distintas,
pero permanecimos inmóviles, como si al inhalar tus partículas
te hicieras pequeña, como si al alejarte, a lo mejor te absorbiera.

La inmovilidad infectó la avenida:
las luces clavadas, la introversión de las puertas, la fúnebre marcha
de transeúntes inéditos que jamás releeríamos…,
y el consuelo de un corredor subterráneo.
Erramos entonces en los trillos que forjaba el destiempo.

“Un Café”, te guiñó su inmenso ojo Led,
con un cigarro en la diestra y un café en la siniestra.
Supliqué – entumecida la lengua – que entraras, pero lo tuyo era sed…
y lo mío, tal vez soledad.

Uno por fuera y otro por dentro, dibujando en el vaho anagramas.
De tus conjuros dudé, te confieso. Una niña no sabe
de la mujer que esculpirán en ella las décadas;
de las danzas que invocan, la exacta precipitación en octubre;
de la medida exacta que los felices ingieren.

El amor se colaba por la porosidad de los vidrios.
“Tras los miedos, respuestas”,
entre signos de pregunta afirmabas, insistiendo en silencios.
“La simiente humana arrastra principio y fin en sus naves.
Hay un desfase entre la circunstancia y el ojo,
que nos condena a horizontes que ya han sucedido”,
te sumaba a las paradojas humanas.

Habiendo plagiado el menú de vidas ajenas,
las recetas para guardar apariencias, la religión que la tele ha normado,
contextualizamos el pero.
“¿Por qué querrías un café, si tregua y café son sinónimos?”.
Y como el agua que corre, me negabas
una segunda lectura, enfilada a los campos de guerra.
Nebulosa, el gris te alcanzaba.


Afuera llovía (lugar tristemente común),
y yo sin ningún precedente, soñaba.

Los nimbos seguían llamándote octubre. Reduccionistas sin duda,
abreviando la vida en una mujer que se aleja, o solamente atenúa.
Qué final más trillado, si del volcán no hubiesen saltado los duendes.

A la intemperie me expuse. Me salvé antes de que voltearas la página.
La lluvia aún garabateaba tus formas, en una esquina de voces extrañas.
Calcinada, sumándote a la esposa de Lot, miraste en mí tu pasado
y proclamaste cenizas. Pero al fin, lancé por el aire un “te amo”.
De reojo miraste. Fuimos así, todos y nadie,
la simbiosis de la Gamba y el Luther que habíamos intuido.
“Octubre posee el ADN de abril”, entendimos.

“Esta lluvia es divina. Mira: reverdecen las alas”, con el fuego del hielo
rompimos el hielo… Y resolvimos llamarnos octubre.


Nota: No octubrinos, ni octubreños u octubreros.
El sufijo "ano" se utiliza para gentilicios, con lo cual quiero expresar con "octubreanos" una nacionalidad de octubre.

Nota 2: Vuelvo a publicar este poema que había publicado con el nick de Gerardo Mont, para recuperarlo bajo el nuevo nick de Monje Mont (que en realidad, después de mucho tiempo, vuelvo a utilizar porque había perdido los datos). Así voy dejando atrás la cuenta de Gerardo Mont.
Gracias a los que me habían comentado.
 
Qué precioso recorrido, vívido, pulsante...la profundidad embriaga y conmueve...siempre ha sido bello encontrarme con tus versos querido amigo...desde aquel tiempo (yo diría en cafepoético)...
Un abrazo...
Nancy
Hola. Que bueno volverte a saludar desde aquel tiempo (allá y aquí). Un honor contar con tu apoyo. Espero que estés bien. Un abrazo.
 
Un poema que deja huella, este recorrido de vida, de momentos, va dejando
piel por el camino, es absolutamente hermosa esta inspiración, seres de octubre,
seres especiales, espirituales, en un desencuentro que duele. Gratísima lectura
que nos brindas, gracias por compartirla. Besitos apretados en tus mejillas.
 
Octubreanos

…Bañabas fugaz la ventana
y los nimbos te llamaron octubre. Mi ánimo al viento, como hojas del árbol
donde nacieron mis cuentos. A plomo tu cuerpo
en el sino incierto del norte y del sur, del este y oeste… Por cualquier camino
eras buena. Las gentes pronunciaban tu nombre
con su última luz encendida, como si supieran de ti lo que saben de otros:
de los pájaros que robaron las migas mientras pretendíamos sus alas,
de las verdades que el Lobo confió al cazador, y de su resignación al cuchillo.

Mis sueños deslicé en tu silueta. De rojo, al azar te acercabas.
Yo imaginaba auditorios;
y de pronto tú, vertías mis miradas por todo tu cuerpo,
como si no las quisieras.

Fuimos orugas, insectos, fuimos la hipótesis de nuevas especies.
Argumentamos tendencias, voluntad para cosas distintas,
pero permanecimos inmóviles, como si al inhalar tus partículas
te hicieras pequeña, como si al alejarte, a lo mejor te absorbiera.

La inmovilidad infectó la avenida:
las luces clavadas, la introversión de las puertas, la fúnebre marcha
de transeúntes inéditos que jamás releeríamos…,
y el consuelo de un corredor subterráneo.
Erramos entonces en los trillos que forjaba el destiempo.

“Un Café”, te guiñó su inmenso ojo Led,
con un cigarro en la diestra y un café en la siniestra.
Supliqué – entumecida la lengua – que entraras, pero lo tuyo era sed…
y lo mío, tal vez soledad.

Uno por fuera y otro por dentro, dibujando en el vaho anagramas.
De tus conjuros dudé, te confieso. Una niña no sabe
de la mujer que esculpirán en ella las décadas;
de las danzas que invocan, la exacta precipitación en octubre;
de la medida exacta que los felices ingieren.

El amor se colaba por la porosidad de los vidrios.
“Tras los miedos, respuestas”,
entre signos de pregunta afirmabas, insistiendo en silencios.
“La simiente humana arrastra principio y fin en sus naves.
Hay un desfase entre la circunstancia y el ojo,
que nos condena a horizontes que ya han sucedido”,
te sumaba a las paradojas humanas.

Habiendo plagiado el menú de vidas ajenas,
las recetas para guardar apariencias, la religión que la tele ha normado,
contextualizamos el pero.
“¿Por qué querrías un café, si tregua y café son sinónimos?”.
Y como el agua que corre, me negabas
una segunda lectura, enfilada a los campos de guerra.
Nebulosa, el gris te alcanzaba.


Afuera llovía (lugar tristemente común),
y yo sin ningún precedente, soñaba.

Los nimbos seguían llamándote octubre. Reduccionistas sin duda,
abreviando la vida en una mujer que se aleja, o solamente atenúa.
Qué final más trillado, si del volcán no hubiesen saltado los duendes.

A la intemperie me expuse. Me salvé antes de que voltearas la página.
La lluvia aún garabateaba tus formas, en una esquina de voces extrañas.
Calcinada, sumándote a la esposa de Lot, miraste en mí tu pasado
y proclamaste cenizas. Pero al fin, lancé por el aire un “te amo”.
De reojo miraste. Fuimos así, todos y nadie,
la simbiosis de la Gamba y el Luther que habíamos intuido.
“Octubre posee el ADN de abril”, entendimos.

“Esta lluvia es divina. Mira: reverdecen las alas”, con el fuego del hielo
rompimos el hielo… Y resolvimos llamarnos octubre.


Nota: No octubrinos, ni octubreños u octubreros.
El sufijo "ano" se utiliza para gentilicios, con lo cual quiero expresar con "octubreanos" una nacionalidad de octubre.

Nota 2: Vuelvo a publicar este poema que había publicado con el nick de Gerardo Mont, para recuperarlo bajo el nuevo nick de Monje Mont (que en realidad, después de mucho tiempo, vuelvo a utilizar porque había perdido los datos). Así voy dejando atrás la cuenta de Gerardo Mont.
Gracias a los que me habían comentado.
Hola Monje, en mis tiempos en la administración, nunca me comentaste lo de ese Nick, si el Nick es del portal quizá Mamen puede ayudarte a recuperar la cuenta, si no lo haría yo con gusto.


En cuanto al poema, tiene un grupo muy especial, grato leerte
 
Un poema que deja huella, este recorrido de vida, de momentos, va dejando
piel por el camino, es absolutamente hermosa esta inspiración, seres de octubre,
seres especiales, espirituales, en un desencuentro que duele. Gratísima lectura
que nos brindas, gracias por compartirla. Besitos apretados en tus mejillas.

Un honor contar con tu apoyo, estimada poeta. Me alegra mucho que te haya gustado este poema. Tu opinión y tu percepción son importantes. Un abrazo a la distancia.
 
Hola Monje, en mis tiempos en la administración, nunca me comentaste lo de ese Nick, si el Nick es del portal quizá Mamen puede ayudarte a recuperar la cuenta, si no lo haría yo con gusto.


En cuanto al poema, tiene un grupo muy especial, grato leerte

Marianne, estimada y admirada poeta, un gusto contar con tu lectura y comentario. Que estés bien. Un abrazo a la distancia.
 

"POEMA DEL MES"


Muchas+felicidades+4.png

MUNDOPOESIA.COM

 
Muchas felicidades por el reconocimiento a tus letras , poeta.
Disfruté la lectura.
Abrazo.

Octubreanos

…Bañabas fugaz la ventana
y los nimbos te llamaron octubre. Mi ánimo al viento, como hojas del árbol
donde nacieron mis cuentos. A plomo tu cuerpo
en el sino incierto del norte y del sur, del este y oeste… Por cualquier camino
eras buena. Las gentes pronunciaban tu nombre
con su última luz encendida, como si supieran de ti lo que saben de otros:
de los pájaros que robaron las migas mientras pretendíamos sus alas,
de las verdades que el Lobo confió al cazador, y de su resignación al cuchillo.

Mis sueños deslicé en tu silueta. De rojo, al azar te acercabas.
Yo imaginaba auditorios;
y de pronto tú, vertías mis miradas por todo tu cuerpo,
como si no las quisieras.

Fuimos orugas, insectos, fuimos la hipótesis de nuevas especies.
Argumentamos tendencias, voluntad para cosas distintas,
pero permanecimos inmóviles, como si al inhalar tus partículas
te hicieras pequeña, como si al alejarte, a lo mejor te absorbiera.

La inmovilidad infectó la avenida:
las luces clavadas, la introversión de las puertas, la fúnebre marcha
de transeúntes inéditos que jamás releeríamos…,
y el consuelo de un corredor subterráneo.
Erramos entonces en los trillos que forjaba el destiempo.

“Un Café”, te guiñó su inmenso ojo Led,
con un cigarro en la diestra y un café en la siniestra.
Supliqué – entumecida la lengua – que entraras, pero lo tuyo era sed…
y lo mío, tal vez soledad.

Uno por fuera y otro por dentro, dibujando en el vaho anagramas.
De tus conjuros dudé, te confieso. Una niña no sabe
de la mujer que esculpirán en ella las décadas;
de las danzas que invocan, la exacta precipitación en octubre;
de la medida exacta que los felices ingieren.

El amor se colaba por la porosidad de los vidrios.
“Tras los miedos, respuestas”,
entre signos de pregunta afirmabas, insistiendo en silencios.
“La simiente humana arrastra principio y fin en sus naves.
Hay un desfase entre la circunstancia y el ojo,
que nos condena a horizontes que ya han sucedido”,
te sumaba a las paradojas humanas.

Habiendo plagiado el menú de vidas ajenas,
las recetas para guardar apariencias, la religión que la tele ha normado,
contextualizamos el pero.
“¿Por qué querrías un café, si tregua y café son sinónimos?”.
Y como el agua que corre, me negabas
una segunda lectura, enfilada a los campos de guerra.
Nebulosa, el gris te alcanzaba.


Afuera llovía (lugar tristemente común),
y yo sin ningún precedente, soñaba.

Los nimbos seguían llamándote octubre. Reduccionistas sin duda,
abreviando la vida en una mujer que se aleja, o solamente atenúa.
Qué final más trillado, si del volcán no hubiesen saltado los duendes.

A la intemperie me expuse. Me salvé antes de que voltearas la página.
La lluvia aún garabateaba tus formas, en una esquina de voces extrañas.
Calcinada, sumándote a la esposa de Lot, miraste en mí tu pasado
y proclamaste cenizas. Pero al fin, lancé por el aire un “te amo”.
De reojo miraste. Fuimos así, todos y nadie,
la simbiosis de la Gamba y el Luther que habíamos intuido.
“Octubre posee el ADN de abril”, entendimos.

“Esta lluvia es divina. Mira: reverdecen las alas”, con el fuego del hielo
rompimos el hielo… Y resolvimos llamarnos octubre.


Nota: No octubrinos, ni octubreños u octubreros.
El sufijo "ano" se utiliza para gentilicios, con lo cual quiero expresar con "octubreanos" una nacionalidad de octubre.

Nota 2: Vuelvo a publicar este poema que había publicado con el nick de Gerardo Mont, para recuperarlo bajo el nuevo nick de Monje Mont (que en realidad, después de mucho tiempo, vuelvo a utilizar porque había perdido los datos). Así voy dejando atrás la cuenta de Gerardo Mont.
Gracias a los que me habían comentado.
 
Octubreanos

…Bañabas fugaz la ventana
y los nimbos te llamaron octubre. Mi ánimo al viento, como hojas del árbol
donde nacieron mis cuentos. A plomo tu cuerpo
en el sino incierto del norte y del sur, del este y oeste… Por cualquier camino
eras buena. Las gentes pronunciaban tu nombre
con su última luz encendida, como si supieran de ti lo que saben de otros:
de los pájaros que robaron las migas mientras pretendíamos sus alas,
de las verdades que el Lobo confió al cazador, y de su resignación al cuchillo.

Mis sueños deslicé en tu silueta. De rojo, al azar te acercabas.
Yo imaginaba auditorios;
y de pronto tú, vertías mis miradas por todo tu cuerpo,
como si no las quisieras.

Fuimos orugas, insectos, fuimos la hipótesis de nuevas especies.
Argumentamos tendencias, voluntad para cosas distintas,
pero permanecimos inmóviles, como si al inhalar tus partículas
te hicieras pequeña, como si al alejarte, a lo mejor te absorbiera.

La inmovilidad infectó la avenida:
las luces clavadas, la introversión de las puertas, la fúnebre marcha
de transeúntes inéditos que jamás releeríamos…,
y el consuelo de un corredor subterráneo.
Erramos entonces en los trillos que forjaba el destiempo.

“Un Café”, te guiñó su inmenso ojo Led,
con un cigarro en la diestra y un café en la siniestra.
Supliqué – entumecida la lengua – que entraras, pero lo tuyo era sed…
y lo mío, tal vez soledad.

Uno por fuera y otro por dentro, dibujando en el vaho anagramas.
De tus conjuros dudé, te confieso. Una niña no sabe
de la mujer que esculpirán en ella las décadas;
de las danzas que invocan, la exacta precipitación en octubre;
de la medida exacta que los felices ingieren.

El amor se colaba por la porosidad de los vidrios.
“Tras los miedos, respuestas”,
entre signos de pregunta afirmabas, insistiendo en silencios.
“La simiente humana arrastra principio y fin en sus naves.
Hay un desfase entre la circunstancia y el ojo,
que nos condena a horizontes que ya han sucedido”,
te sumaba a las paradojas humanas.

Habiendo plagiado el menú de vidas ajenas,
las recetas para guardar apariencias, la religión que la tele ha normado,
contextualizamos el pero.
“¿Por qué querrías un café, si tregua y café son sinónimos?”.
Y como el agua que corre, me negabas
una segunda lectura, enfilada a los campos de guerra.
Nebulosa, el gris te alcanzaba.


Afuera llovía (lugar tristemente común),
y yo sin ningún precedente, soñaba.

Los nimbos seguían llamándote octubre. Reduccionistas sin duda,
abreviando la vida en una mujer que se aleja, o solamente atenúa.
Qué final más trillado, si del volcán no hubiesen saltado los duendes.

A la intemperie me expuse. Me salvé antes de que voltearas la página.
La lluvia aún garabateaba tus formas, en una esquina de voces extrañas.
Calcinada, sumándote a la esposa de Lot, miraste en mí tu pasado
y proclamaste cenizas. Pero al fin, lancé por el aire un “te amo”.
De reojo miraste. Fuimos así, todos y nadie,
la simbiosis de la Gamba y el Luther que habíamos intuido.
“Octubre posee el ADN de abril”, entendimos.

“Esta lluvia es divina. Mira: reverdecen las alas”, con el fuego del hielo
rompimos el hielo… Y resolvimos llamarnos octubre.


Nota: No octubrinos, ni octubreños u octubreros.
El sufijo "ano" se utiliza para gentilicios, con lo cual quiero expresar con "octubreanos" una nacionalidad de octubre.

Nota 2: Vuelvo a publicar este poema que había publicado con el nick de Gerardo Mont, para recuperarlo bajo el nuevo nick de Monje Mont (que en realidad, después de mucho tiempo, vuelvo a utilizar porque había perdido los datos). Así voy dejando atrás la cuenta de Gerardo Mont.
Gracias a los que me habían comentado.

Abierto frente de testuras que en ese sobrevuelo otoñal deja como un
adornado velo amoroso. instinto de esas razones aireadas para subrayar
otoñeandose en esos flujos de un octubre de vitreo reposo. excelente.
saludos amables de luzyabsenta
 
Un magnífico poema. Más que merecida la distinción. Un abrazo.

Gracias estimado poeta por tu visita y tu amable comentario. Un honor tu paso. Hace muy poco regresé después de muchos años de ausencia en el foro y bastantes también de no hacer poesía por lo que me motiva el reconocimiento. Un abrazo a la distancia y que estés bien.
 
Octubreanos

…Bañabas fugaz la ventana
y los nimbos te llamaron octubre. Mi ánimo al viento, como hojas del árbol
donde nacieron mis cuentos. A plomo tu cuerpo
en el sino incierto del norte y del sur, del este y oeste… Por cualquier camino
eras buena. Las gentes pronunciaban tu nombre
con su última luz encendida, como si supieran de ti lo que saben de otros:
de los pájaros que robaron las migas mientras pretendíamos sus alas,
de las verdades que el Lobo confió al cazador, y de su resignación al cuchillo.

Mis sueños deslicé en tu silueta. De rojo, al azar te acercabas.
Yo imaginaba auditorios;
y de pronto tú, vertías mis miradas por todo tu cuerpo,
como si no las quisieras.

Fuimos orugas, insectos, fuimos la hipótesis de nuevas especies.
Argumentamos tendencias, voluntad para cosas distintas,
pero permanecimos inmóviles, como si al inhalar tus partículas
te hicieras pequeña, como si al alejarte, a lo mejor te absorbiera.

La inmovilidad infectó la avenida:
las luces clavadas, la introversión de las puertas, la fúnebre marcha
de transeúntes inéditos que jamás releeríamos…,
y el consuelo de un corredor subterráneo.
Erramos entonces en los trillos que forjaba el destiempo.

“Un Café”, te guiñó su inmenso ojo Led,
con un cigarro en la diestra y un café en la siniestra.
Supliqué – entumecida la lengua – que entraras, pero lo tuyo era sed…
y lo mío, tal vez soledad.

Uno por fuera y otro por dentro, dibujando en el vaho anagramas.
De tus conjuros dudé, te confieso. Una niña no sabe
de la mujer que esculpirán en ella las décadas;
de las danzas que invocan, la exacta precipitación en octubre;
de la medida exacta que los felices ingieren.

El amor se colaba por la porosidad de los vidrios.
“Tras los miedos, respuestas”,
entre signos de pregunta afirmabas, insistiendo en silencios.
“La simiente humana arrastra principio y fin en sus naves.
Hay un desfase entre la circunstancia y el ojo,
que nos condena a horizontes que ya han sucedido”,
te sumaba a las paradojas humanas.

Habiendo plagiado el menú de vidas ajenas,
las recetas para guardar apariencias, la religión que la tele ha normado,
contextualizamos el pero.
“¿Por qué querrías un café, si tregua y café son sinónimos?”.
Y como el agua que corre, me negabas
una segunda lectura, enfilada a los campos de guerra.
Nebulosa, el gris te alcanzaba.


Afuera llovía (lugar tristemente común),
y yo sin ningún precedente, soñaba.

Los nimbos seguían llamándote octubre. Reduccionistas sin duda,
abreviando la vida en una mujer que se aleja, o solamente atenúa.
Qué final más trillado, si del volcán no hubiesen saltado los duendes.

A la intemperie me expuse. Me salvé antes de que voltearas la página.
La lluvia aún garabateaba tus formas, en una esquina de voces extrañas.
Calcinada, sumándote a la esposa de Lot, miraste en mí tu pasado
y proclamaste cenizas. Pero al fin, lancé por el aire un “te amo”.
De reojo miraste. Fuimos así, todos y nadie,
la simbiosis de la Gamba y el Luther que habíamos intuido.
“Octubre posee el ADN de abril”, entendimos.

“Esta lluvia es divina. Mira: reverdecen las alas”, con el fuego del hielo
rompimos el hielo… Y resolvimos llamarnos octubre.


Nota: No octubrinos, ni octubreños u octubreros.
El sufijo "ano" se utiliza para gentilicios, con lo cual quiero expresar con "octubreanos" una nacionalidad de octubre.

Nota 2: Vuelvo a publicar este poema que había publicado con el nick de Gerardo Mont, para recuperarlo bajo el nuevo nick de Monje Mont (que en realidad, después de mucho tiempo, vuelvo a utilizar porque había perdido los datos). Así voy dejando atrás la cuenta de Gerardo Mont.
Gracias a los que me habían comentado.

Me ha encantado, Monje Mont, todo un poema, sí señor...
No es fácil que un poema largo como este mantenga semejante calidad y tensión poética.
¡Aplausos, compañero!
 
Abierto frente de testuras que en ese sobrevuelo otoñal deja como un
adornado velo amoroso. instinto de esas razones aireadas para subrayar
otoñeandose en esos flujos de un octubre de vitreo reposo. excelente.
saludos amables de luzyabsenta

Un gusto estimado amigo, encontrar tu comentario en estas letras. Me alegra que te gustara el poema. Me siento honrado por tu apoyo. Un abrazo sincero a la distancia.
 
Octubreanos

…Bañabas fugaz la ventana
y los nimbos te llamaron octubre. Mi ánimo al viento, como hojas del árbol
donde nacieron mis cuentos. A plomo tu cuerpo
en el sino incierto del norte y del sur, del este y oeste… Por cualquier camino
eras buena. Las gentes pronunciaban tu nombre
con su última luz encendida, como si supieran de ti lo que saben de otros:
de los pájaros que robaron las migas mientras pretendíamos sus alas,
de las verdades que el Lobo confió al cazador, y de su resignación al cuchillo.

Mis sueños deslicé en tu silueta. De rojo, al azar te acercabas.
Yo imaginaba auditorios;
y de pronto tú, vertías mis miradas por todo tu cuerpo,
como si no las quisieras.

Fuimos orugas, insectos, fuimos la hipótesis de nuevas especies.
Argumentamos tendencias, voluntad para cosas distintas,
pero permanecimos inmóviles, como si al inhalar tus partículas
te hicieras pequeña, como si al alejarte, a lo mejor te absorbiera.

La inmovilidad infectó la avenida:
las luces clavadas, la introversión de las puertas, la fúnebre marcha
de transeúntes inéditos que jamás releeríamos…,
y el consuelo de un corredor subterráneo.
Erramos entonces en los trillos que forjaba el destiempo.

“Un Café”, te guiñó su inmenso ojo Led,
con un cigarro en la diestra y un café en la siniestra.
Supliqué – entumecida la lengua – que entraras, pero lo tuyo era sed…
y lo mío, tal vez soledad.

Uno por fuera y otro por dentro, dibujando en el vaho anagramas.
De tus conjuros dudé, te confieso. Una niña no sabe
de la mujer que esculpirán en ella las décadas;
de las danzas que invocan, la exacta precipitación en octubre;
de la medida exacta que los felices ingieren.

El amor se colaba por la porosidad de los vidrios.
“Tras los miedos, respuestas”,
entre signos de pregunta afirmabas, insistiendo en silencios.
“La simiente humana arrastra principio y fin en sus naves.
Hay un desfase entre la circunstancia y el ojo,
que nos condena a horizontes que ya han sucedido”,
te sumaba a las paradojas humanas.

Habiendo plagiado el menú de vidas ajenas,
las recetas para guardar apariencias, la religión que la tele ha normado,
contextualizamos el pero.
“¿Por qué querrías un café, si tregua y café son sinónimos?”.
Y como el agua que corre, me negabas
una segunda lectura, enfilada a los campos de guerra.
Nebulosa, el gris te alcanzaba.


Afuera llovía (lugar tristemente común),
y yo sin ningún precedente, soñaba.

Los nimbos seguían llamándote octubre. Reduccionistas sin duda,
abreviando la vida en una mujer que se aleja, o solamente atenúa.
Qué final más trillado, si del volcán no hubiesen saltado los duendes.

A la intemperie me expuse. Me salvé antes de que voltearas la página.
La lluvia aún garabateaba tus formas, en una esquina de voces extrañas.
Calcinada, sumándote a la esposa de Lot, miraste en mí tu pasado
y proclamaste cenizas. Pero al fin, lancé por el aire un “te amo”.
De reojo miraste. Fuimos así, todos y nadie,
la simbiosis de la Gamba y el Luther que habíamos intuido.
“Octubre posee el ADN de abril”, entendimos.

“Esta lluvia es divina. Mira: reverdecen las alas”, con el fuego del hielo
rompimos el hielo… Y resolvimos llamarnos octubre.


Nota: No octubrinos, ni octubreños u octubreros.
El sufijo "ano" se utiliza para gentilicios, con lo cual quiero expresar con "octubreanos" una nacionalidad de octubre.

Nota 2: Vuelvo a publicar este poema que había publicado con el nick de Gerardo Mont, para recuperarlo bajo el nuevo nick de Monje Mont (que en realidad, después de mucho tiempo, vuelvo a utilizar porque había perdido los datos). Así voy dejando atrás la cuenta de Gerardo Mont.
Gracias a los que me habían comentado.


Creo que esta joya merece ser devuelta al presente.
Vengo de leer tu última prosa y te decía que la sentí como un viaje.
Tus letras tienen ese sello inconfundible, ese ritmo sostenido de relato profundo que se desliza al leer y nos motiva a reflexiones y a la imaginación de escenas que se tornan entrañables.
Fue un placer recorrer tus obras esta mañana.
Un abrazo.
 
Creo que esta joya merece ser devuelta al presente.
Vengo de leer tu última prosa y te decía que la sentí como un viaje.
Tus letras tienen ese sello inconfundible, ese ritmo sostenido de relato profundo que se desliza al leer y nos motiva a reflexiones y a la imaginación de escenas que se tornan entrañables.
Fue un placer recorrer tus obras esta mañana.
Un abrazo.
Muchas gracias estimada poeta y amiga por tus comentarios siempre profundos y motivadores que enriquecen mis escritos. Un honor tu paso. Que estés bien. Un abrazo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba