poetakabik
Poeta veterano en el portal
¡Oh tú, sutil y clara llamarada,
que en medio del dolor sigues brillando,
como farol que guía al camarada
que ya sin fuerzas sigue aún amando!
Te vistes con la luz del nuevo día,
te escondes en la lágrima que asciende,
y habitas en el pecho en melodia
aunque su corazón ya se desciende.
No eres promesa vana ni apariencia,
ni un bálsamo sin alma ni sustancia:
eres raíz que brota en la paciencia
y un cántaro de fe en la constancia.
Contigo el alma aprende que el abismo
no es más que el punto justo desde luego,
y que después del llanto en ti mismo
nace una flor que brota desde el fuego.
Esperanza, doncella del instante,
te invoco cuando tiembla la confianza,
y en ti me elevo, leve, y constante
como se eleva el alma en la bonanza.
Por ti el hombre resiste su condena,
por ti la madre arrulla su vacío,
por ti se canta aún con la cadena
y danza el corazón sobre el rocío.
que en medio del dolor sigues brillando,
como farol que guía al camarada
que ya sin fuerzas sigue aún amando!
Te vistes con la luz del nuevo día,
te escondes en la lágrima que asciende,
y habitas en el pecho en melodia
aunque su corazón ya se desciende.
No eres promesa vana ni apariencia,
ni un bálsamo sin alma ni sustancia:
eres raíz que brota en la paciencia
y un cántaro de fe en la constancia.
Contigo el alma aprende que el abismo
no es más que el punto justo desde luego,
y que después del llanto en ti mismo
nace una flor que brota desde el fuego.
Esperanza, doncella del instante,
te invoco cuando tiembla la confianza,
y en ti me elevo, leve, y constante
como se eleva el alma en la bonanza.
Por ti el hombre resiste su condena,
por ti la madre arrulla su vacío,
por ti se canta aún con la cadena
y danza el corazón sobre el rocío.
Última edición: