Oda a la mujer

Lucevelio

Surrealismo, realismo, terror.
Miembro del equipo
Moderadores
Moderador enseñante
Mujer, esta oda
va a decir mucho de ti, de nosotros;
pues somos tan comunes
como las lluvias en las selvas,
o como los propósitos de las ventanas.

Somos nativos de un vientre del mismo sexo,
y amamantados con su leche,
fuimos ángeles sueltos en nuestra infancia:
gateamos, hablamos, nos hicimos caminantes,
pero llegaron las órdenes de la pubertad
y desde entonces nos distinguimos.

Pudieras ser mi madre,
pudieras ser mi hermana,
o pudieras ser hecha de otra sangre,
como de hembra;
y es precisamente a esa
a la que me refiero en esta oda:
agua para mi garganta,
artista de la culpa,
demonio básico en la carrera del hombre,
cortina del hombre.

Todo este argumento tiene peso
y lo digo para que escuches mis verdades,
aquellas que pienso
y que son las más naturales.

Ahora, mujer, ¿me dirás que tengo razón?
¿Repasarás lo mencionado?
¿Buscarás comparaciones?

No preguntes nada, sólo acompáñame
en este camino trazado a nuestra medida,
escribamos la historia como amantes,
dejémonos llevar ingenuamente
bajo este concepto
que es el más seguido en el mundo.

Te ofrezco la cama
para compartir caricias,
y saludarnos
con una colisión de labios,
y para que tú misma
seas la esfera
en la celebración orgiástica.

Mujer, ¡qué más silencio!
¡Qué más amparo
medido con la agonía de la amistad!

Celebremos tu cuerpo
y demuéstrame cuán ágiles
se pronuncian las curvas que te arman.

Cómo convocarlas ante los ojos:
vasijas o lunas;
subidas a tu cuerpo
para cultivo o para admiración.
Para una edad fue el primer contacto de la boca,
pero sin embargo, es cálculo del hombre;
señales que preceden la entrada a tu cuello.

Valorar, valorar, es el verbo exacto
que fija la balanza de lo que ahora asumo.

Y es ahora, en esta hora,
que hemos tomado del púrpura su protagonismo
y consejo,
asumimos lo que antes era un pensamiento,
ejerciendo en cada segundo un movimiento cálido,
una vibración tan pura
entre especímenes,
con la única intención de saberse y de dedicarse
las pieles y las emociones.
Hemos agregado un nuevo término a nuestro léxico.
 
Mujer, esta oda
va a decir mucho de ti, de nosotros;
pues somos tan comunes
como las lluvias en las selvas,
o como los propósitos de las ventanas.

Somos nativos de un vientre del mismo sexo,
y amamantados con su leche,
fuimos ángeles sueltos en nuestra infancia:
gateamos, hablamos, nos hicimos caminantes,
pero llegaron las órdenes de la pubertad
y desde entonces nos distinguimos.

Pudieras ser mi madre,
pudieras ser mi hermana,
o pudieras ser hecha de otra sangre,
como de hembra;
y es precisamente a esa
a la que me refiero en esta oda:
agua para mi garganta,
artista de la culpa,
demonio básico en la carrera del hombre,
cortina del hombre.

Todo este argumento tiene peso
y lo digo para que escuches mis verdades,
aquellas que pienso
y que son las más naturales.

Ahora, mujer, ¿me dirás que tengo razón?
¿Repasarás lo mencionado?
¿Buscarás comparaciones?

No preguntes nada, sólo acompáñame
en este camino trazado a nuestra medida,
escribamos la historia como amantes,
dejémonos llevar ingenuamente
bajo este concepto
que es el más seguido en el mundo.

Te ofrezco la cama
para compartir caricias,
y saludarnos
con una colisión de labios,
y para que tú misma
seas la esfera
en la celebración orgiástica.

Mujer, ¡qué más silencio!
¡Qué más amparo
medido con la agonía de la amistad!

Celebremos tu cuerpo
y demuéstrame cuán ágiles
se pronuncian las curvas que te arman.

Cómo convocarlas ante los ojos:
vasijas o lunas;
subidas a tu cuerpo
para cultivo o para admiración.
Para una edad fue el primer contacto de la boca,
pero sin embargo, es cálculo del hombre;
señales que preceden la entrada a tu cuello.

Valorar, valorar, es el verbo exacto
que fija la balanza de lo que ahora asumo.

Y es ahora, en esta hora,
que hemos tomado del púrpura su protagonismo
y consejo,
asumimos lo que antes era un pensamiento,
ejerciendo en cada segundo un movimiento cálido,
una vibración tan pura
entre especímenes,
con la única intención de saberse y de dedicarse
las pieles y las emociones.
Hemos agregado un nuevo término a nuestro léxico.

Bellísima oda estimado Lucevelio,
como describes a la mas perfecta obra
y lo llevas a una concepción innata y propia.
Mis aplausos, saludos cordiales. GahbrielTabus
 
Mujer, esta oda
va a decir mucho de ti, de nosotros;
pues somos tan comunes
como las lluvias en las selvas,
o como los propósitos de las ventanas.

Somos nativos de un vientre del mismo sexo,
y amamantados con su leche,
fuimos ángeles sueltos en nuestra infancia:
gateamos, hablamos, nos hicimos caminantes,
pero llegaron las órdenes de la pubertad
y desde entonces nos distinguimos.

Pudieras ser mi madre,
pudieras ser mi hermana,
o pudieras ser hecha de otra sangre,
como de hembra;
y es precisamente a esa
a la que me refiero en esta oda:
agua para mi garganta,
artista de la culpa,
demonio básico en la carrera del hombre,
cortina del hombre.

Todo este argumento tiene peso
y lo digo para que escuches mis verdades,
aquellas que pienso
y que son las más naturales.

Ahora, mujer, ¿me dirás que tengo razón?
¿Repasarás lo mencionado?
¿Buscarás comparaciones?

No preguntes nada, sólo acompáñame
en este camino trazado a nuestra medida,
escribamos la historia como amantes,
dejémonos llevar ingenuamente
bajo este concepto
que es el más seguido en el mundo.

Te ofrezco la cama
para compartir caricias,
y saludarnos
con una colisión de labios,
y para que tú misma
seas la esfera
en la celebración orgiástica.

Mujer, ¡qué más silencio!
¡Qué más amparo
medido con la agonía de la amistad!

Celebremos tu cuerpo
y demuéstrame cuán ágiles
se pronuncian las curvas que te arman.

Cómo convocarlas ante los ojos:
vasijas o lunas;
subidas a tu cuerpo
para cultivo o para admiración.
Para una edad fue el primer contacto de la boca,
pero sin embargo, es cálculo del hombre;
señales que preceden la entrada a tu cuello.

Valorar, valorar, es el verbo exacto
que fija la balanza de lo que ahora asumo.

Y es ahora, en esta hora,
que hemos tomado del púrpura su protagonismo
y consejo,
asumimos lo que antes era un pensamiento,
ejerciendo en cada segundo un movimiento cálido,
una vibración tan pura
entre especímenes,
con la única intención de saberse y de dedicarse
las pieles y las emociones.
Hemos agregado un nuevo término a nuestro léxico.
Desnudez y sinceridad en esos espacios sin maquillaje que
se enfrenta a esa busqueda para valorar la mujer amada,
bellas muecas y destellos que devoran al lector y dejan
como esa partitura para llegar a la necesidad y sabidura
de entregarse en emociones. felicidades. excelente.
saludos de luzyabsenta
 

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