Giaour
Poeta recién llegado
Verborragia o hemorragia de palabras
son tus voces clandestinas e iracundas
que se incrustan en los tímpanos del tiempo.
Cuando hablas calla el mundo y se deforma
la dulce integridad de las sonrisas
convirtiéndose en doncellas combativas,
deslumbrando a los astros y a las rosas.
Si se escuchan los trinos disidentes
que brotan desde el mar de tus tormentos
el silencio se vuelve roca aglomerada
y la soledad una pasta gris poco solitaria.
Porque los solos que quedamos en la tierra
agriando las lunas de febrero,
nos carnavaleamos con tus murgas de chistera
y ensordecemos a las copas o a los tragos.
-Sin tu Buenos Aires no hay Madrid,
y sin tu Nueva York no hay Montevideo-.
Escuchar tu himno es descender lentamente
a los amaneceres más precoces y sangrientos,
es latir de un solo corazón
en el pecho de todos y cada unos de los pueblos.
Es salir de madruga en cacerolas
a exigir respeto, verdad descontrolada,
o romper los ruidos con mutismo
en honor a la deshonrada memoria.
Sentirte incrustada en el costado
como un tango transgresor y milonguero,
es bailar entre las piernas de tus sabios
y entre los tules negros de tus boliches peregrinos.
Adorar a tus ídolos de letras no es pecado
ni falso testimonio:
es saber que Mario está codo a codo con nosotros
y que a Juan le queda chico cualquier premio.
Verborragia o hemorragia de palabras
son tus voces clandestinas e iracundas
que se incrustan en los tímpanos del tiempo.
son tus voces clandestinas e iracundas
que se incrustan en los tímpanos del tiempo.
Cuando hablas calla el mundo y se deforma
la dulce integridad de las sonrisas
convirtiéndose en doncellas combativas,
deslumbrando a los astros y a las rosas.
Si se escuchan los trinos disidentes
que brotan desde el mar de tus tormentos
el silencio se vuelve roca aglomerada
y la soledad una pasta gris poco solitaria.
Porque los solos que quedamos en la tierra
agriando las lunas de febrero,
nos carnavaleamos con tus murgas de chistera
y ensordecemos a las copas o a los tragos.
-Sin tu Buenos Aires no hay Madrid,
y sin tu Nueva York no hay Montevideo-.
Escuchar tu himno es descender lentamente
a los amaneceres más precoces y sangrientos,
es latir de un solo corazón
en el pecho de todos y cada unos de los pueblos.
Es salir de madruga en cacerolas
a exigir respeto, verdad descontrolada,
o romper los ruidos con mutismo
en honor a la deshonrada memoria.
Sentirte incrustada en el costado
como un tango transgresor y milonguero,
es bailar entre las piernas de tus sabios
y entre los tules negros de tus boliches peregrinos.
Adorar a tus ídolos de letras no es pecado
ni falso testimonio:
es saber que Mario está codo a codo con nosotros
y que a Juan le queda chico cualquier premio.
Verborragia o hemorragia de palabras
son tus voces clandestinas e iracundas
que se incrustan en los tímpanos del tiempo.