Andrik Navarrete Arias
Poeta recién llegado
¿Necesitas morir en primavera?,
mi reina de la noche.
Naciste sin buscar gloria, mi musa.
No aceptas mis favores;
ni le rindes a la muerte de blanco.
No debes ser el roble,
ni debes transitar en una edad.
Nos das flor sin pasiones,
buscas prenderla en una noche oscura
entre mil y una noches.
Abrazas al mezquite como apoyo.
Reina, ¿débil te pones?;
¡Luna! ¡Cómo gira fortuna! ¿Mueres?
¿Hay la suerte en tu norte?
Tu flor Nieve debe ser lienzo eterno,
al igual que los roces
de su perfume, elemento vital
a polilla de cobre,
que te descubre por casualidad;
y tú ni la conoces.
¿Por qué llegó mañana sabatina?
Ay tu tallo, ay su polen.
Nieve se fue con el aire solar.
¿Que la abeja no llore,
es quizás, por no conocer tu rito?
La dejaste, a la noble;
aunque marchitó, no reclamas, cactus—
¡Pero, me miento al borde!:
pues tu forma para existir desmiente
a mis falsos humores.
mi reina de la noche.
Naciste sin buscar gloria, mi musa.
No aceptas mis favores;
ni le rindes a la muerte de blanco.
No debes ser el roble,
ni debes transitar en una edad.
Nos das flor sin pasiones,
buscas prenderla en una noche oscura
entre mil y una noches.
Abrazas al mezquite como apoyo.
Reina, ¿débil te pones?;
¡Luna! ¡Cómo gira fortuna! ¿Mueres?
¿Hay la suerte en tu norte?
Tu flor Nieve debe ser lienzo eterno,
al igual que los roces
de su perfume, elemento vital
a polilla de cobre,
que te descubre por casualidad;
y tú ni la conoces.
¿Por qué llegó mañana sabatina?
Ay tu tallo, ay su polen.
Nieve se fue con el aire solar.
¿Que la abeja no llore,
es quizás, por no conocer tu rito?
La dejaste, a la noble;
aunque marchitó, no reclamas, cactus—
¡Pero, me miento al borde!:
pues tu forma para existir desmiente
a mis falsos humores.