Oda a las casas viejas.

SOLCIEGO

Poeta asiduo al portal
La felicidad es regocijante y placentera,
liberante y dulcemente algazara,
trepidante de alegría al corazón,
cuando el amor la induce.

Pero la tristeza es paralizante y
fría, aun en el más ardoroso calor.

Como aquellas casas viejas,
que no terminan de caer,
ni cumplir su lazo de vida,
y aún moribundas
pernoctan en el tiempo,
con portales por derrumbarse
y áticos desplomados en ruinas,
entre medias paredes polvorientas
donde la araña teje a placer
y a perfección sus mortales redes.

Casas viejas con aleros de tejas claras
astilladas no del tiempo sino, de abandono,
y de pesar de años sin aliento de vida,
pero que aún sobreviven aferradas al ayer.

Casas solas, con nidos abandonados,
a medio tejer, agujereados por la brisa,
que pasa y se esconde
y se va entre risas que asustan
a los pájaros de ayer.

Casas viejas de pálidas huellas
tapiadas por las arenas del tiempo,
con patios y jardines solitarios,
soleados y engrosados de espinos.

Moribundas casas viejas, solitarias
con sombras que deambulan por las noches
al paso de la luna triste de enero
a la espera de cada amanecer,
de cada atardecer.... de cada anochecer
cubiertas en su velo de nostalgias y miedos
donde por las noches
se dibujan en sus sombras
fantasmales figuras deformes,
que a lo lejos esconden sus tristezas
como zombis inmóviles
entre voces sin fuerza,
de almas desgastadas
ahogadas en llantos,
esperando que los vientos eternos
arrastren sus últimos cimientos
y allende los siglos se borren
para siempre sus recuerdos.
 
La felicidad es regocijante y placentera,
liberante y dulcemente algazara,
trepidante de alegría al corazón,
cuando el amor la induce.

Pero la tristeza es paralizante y
fría, aun en el más ardoroso calor.

Como aquellas casas viejas,
que no terminan de caer,
ni cumplir su lazo de vida,
y aún moribundas
pernoctan en el tiempo,
con portales por derrumbarse
y áticos desplomados en ruinas,
entre medias paredes polvorientas
donde la araña teje a placer
y a perfección sus mortales redes.

Casas viejas con aleros de tejas claras
astilladas no del tiempo sino, de abandono,
y de pesar de años sin aliento de vida,
pero que aún sobreviven aferradas al ayer.

Casas solas, con nidos abandonados,
a medio tejer, agujereados por la brisa,
que pasa y se esconde
y se va entre risas que asustan
a los pájaros de ayer.

Casas viejas de pálidas huellas
tapiadas por las arenas del tiempo,
con patios y jardines solitarios,
soleados y engrosados de espinos.

Moribundas casas viejas, solitarias
con sombras que deambulan por las noches
al paso de la luna triste de enero
a la espera de cada amanecer,
de cada atardecer.... de cada anochecer
cubiertas en su velo de nostalgias y miedos
donde por las noches
se dibujan en sus sombras
fantasmales figuras deformes,
que a lo lejos esconden sus tristezas
como zombis inmóviles
entre voces sin fuerza,
de almas desgastadas
ahogadas en llantos,
esperando que los vientos eternos
arrastren sus últimos cimientos
y allende los siglos se borren
para siempre sus recuerdos.
Me ha gustado este arraigo poético que aunque nostálgico, esconde una gema literaria sublime
Gracias, mi estimado Solciego. por compartir
Saludos y un abrazo grande
 

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