Andrik Navarrete Arias
Poeta recién llegado
Escuchen como cierto bulto truena,
como esa seca flora se estremece.
Los crujidos se elevan desde el suelo
al tiempo que el bulto desaparece.
La peste teme de esa reina y rey,
quienes devoran entre siete y trece.
Desde todo lugar y cada vuelo,
besan a la mugre hasta que anochece.
Guardemos esa fortuna-condena.
Veamos como al desierto embellecen.
No se privan del hambre, pues los muertos
en sus dominios siempre prevalecen.
Consumen a la peste, cuerpo y sangre,
para contentar su prole creciente.
Sus nidos son de espino y de bacteria;
fuera, saben quién muere tan reciente.
Reina y Rey dichosos, destriparían
al más grande y pestilente bovino.
Su natura hambre les hace batir
hasta su trono podrido y genuino.
como esa seca flora se estremece.
Los crujidos se elevan desde el suelo
al tiempo que el bulto desaparece.
La peste teme de esa reina y rey,
quienes devoran entre siete y trece.
Desde todo lugar y cada vuelo,
besan a la mugre hasta que anochece.
Guardemos esa fortuna-condena.
Veamos como al desierto embellecen.
No se privan del hambre, pues los muertos
en sus dominios siempre prevalecen.
Consumen a la peste, cuerpo y sangre,
para contentar su prole creciente.
Sus nidos son de espino y de bacteria;
fuera, saben quién muere tan reciente.
Reina y Rey dichosos, destriparían
al más grande y pestilente bovino.
Su natura hambre les hace batir
hasta su trono podrido y genuino.
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