Constantino
Poeta recién llegado
No hay sino fitoplancton aglutinado en ese cielo matiz marino,
centelleante bioluminiscencia pincelando estrellas,
cremosas corrientes autótrofas tiñendo vía láctea,
galaxias, cometas, plasma sideral arando auroras,
irises navegantes, nebulosas justas, silencios mitigados,
lentos parámetros le dan razón a la mística plácida
en el inolvidable cósmico lienzo de la camba de la noche.
¿Qué puedo hacer más que recostarme en el azúcar del césped
y contemplar la bautizada nirvana de ese cielo orgánico?
Cual fuere incierto mas no quimérico,
ya que despierto lúcido, brotado, recién nacido
en alpinas cúspides, bordes de pendientes,
y hacia abajo veo
el templado velo de niebla harmoniosamente oleando,
estrellándose en furor de caricias con montañas
que en sus declives que fungen como deltas
forman cascadas de velo, estuarios de efluvio,
y en sus soberbias prominencias
se tornan las cumbres en diques contenientes de cendales,
rompientes de afluentes mareas de vaho.
Aplazado, prorrogado y extendido dejo el sentido;
marchan los nubarrones con su ritmo imponente
bajo estas alturas.
Colosos de músculos de almohada,
su valle de lana se embute en almas estimuladas.
Magistrales algodones de aliento, se mecen.
Luego, cuando cansado el sol se va anegando
sobre el panorámico horizonte cano,
imponente rey fecunda con hálito refulgente a las nubes,
germinando por ende suaves cordilleras,
límpidas huellas amarillas, naranjas y aloques,
caramelo suave de mis bronquios.
Vuelvo a esa danza de telones,
se cierran vehementes,
recaen en cámara lenta,
tatuando daguerrotipo de ese movimiento
en mi amar anticuado y joven meollo.
Los hilvanes decorativos apegados a la tela
corroboran que es ninfa,
venus, rosa mortal,
rosa que dura madura un instante,
así amo eternamente su corto lapso.
-Heme aquí mi musa,
heme aquí como un siglo
creando estalagmitas con lágrimas-.
Constantino H.
centelleante bioluminiscencia pincelando estrellas,
cremosas corrientes autótrofas tiñendo vía láctea,
galaxias, cometas, plasma sideral arando auroras,
irises navegantes, nebulosas justas, silencios mitigados,
lentos parámetros le dan razón a la mística plácida
en el inolvidable cósmico lienzo de la camba de la noche.
¿Qué puedo hacer más que recostarme en el azúcar del césped
y contemplar la bautizada nirvana de ese cielo orgánico?
Cual fuere incierto mas no quimérico,
ya que despierto lúcido, brotado, recién nacido
en alpinas cúspides, bordes de pendientes,
y hacia abajo veo
el templado velo de niebla harmoniosamente oleando,
estrellándose en furor de caricias con montañas
que en sus declives que fungen como deltas
forman cascadas de velo, estuarios de efluvio,
y en sus soberbias prominencias
se tornan las cumbres en diques contenientes de cendales,
rompientes de afluentes mareas de vaho.
Aplazado, prorrogado y extendido dejo el sentido;
marchan los nubarrones con su ritmo imponente
bajo estas alturas.
Colosos de músculos de almohada,
su valle de lana se embute en almas estimuladas.
Magistrales algodones de aliento, se mecen.
Luego, cuando cansado el sol se va anegando
sobre el panorámico horizonte cano,
imponente rey fecunda con hálito refulgente a las nubes,
germinando por ende suaves cordilleras,
límpidas huellas amarillas, naranjas y aloques,
caramelo suave de mis bronquios.
Vuelvo a esa danza de telones,
se cierran vehementes,
recaen en cámara lenta,
tatuando daguerrotipo de ese movimiento
en mi amar anticuado y joven meollo.
Los hilvanes decorativos apegados a la tela
corroboran que es ninfa,
venus, rosa mortal,
rosa que dura madura un instante,
así amo eternamente su corto lapso.
-Heme aquí mi musa,
heme aquí como un siglo
creando estalagmitas con lágrimas-.
Constantino H.