Amor que te desvaneces,
Acude a mi agonía milenaria,
Revísteme de flores
Para decorar el día
De un efímero jardín,
La risa incolora
De tu temblor innato,
Me persigue con tu olor.
Recoge los anhelos fervientes
De mi mundo intocado,
No recuerdes el fin,
Toca la cítara en mi hora,
En que de sedas me cubra para ti,
Anochece en plena aurora
De tu mirar muy triste,
Sombrío me confortas,
Y en la calma de tu mirada,
Me olvido de mí misma.
Me ahogo en tu impetuoso delirio,
de olas gigantescas,
Tu emoción me devora,
Sin alcanzarme en idilios,
Me castigas y me añoras,
En el dolor sin fin de tus sueños de alquimista.
Tañe la campana medieval,
La melodía mística
Que llena de éxtasis
O de terror,
Y espero verte en la entrada gótica,
Detrás de los monjes,
Que cantan el Dies Ihre,
Tu calvario es mi olvido.
Una ángel dice el mensaje
Que anuncia batallas
Al lado de una virgen,
Se recobra una corona,
Mientras una pesadilla da vueltas
En torno a mi cabeza,
Y ya no sé qué imagen ostentas,
Bello ser, del bien, del mal,
Repleto de secretos,
Que duermen en el mar,
Un día despierta el sonido,
El llanto, la risa,
Y surge la poesía,
El óleo,
De lugares vivientes
Que surgen en mi ser
Cabalgo por caminos oscuros
A una sacra misión,
Tu homenaje es el adiós,
A esa veloz existencia
Que perpetúa el mar
Y el viento,
Me trae tu aroma
Antiguo,
Y un imaginario beso
Que no detiene tu paso
En el largo caminar
De mis deseos!
Bésame el aliento
Que huye en pos de ti,
Recoge el alma,
Devuélvela a mí.
Propiedad del sentir,
Tu mano cauta,
Deslizarse en mi jardin
Sin bebidas rojas,
Sólo el agua pasional
Llena mi respiración.
Que toda la creación te alimente,
Y mi mirada te conquiste.
Antes de hablar,
Reconociste mi sabiduría,
Colocando el anillo
De la espera
Aún no he sentido tu piel,
Y los afanes de tu lengua me inspiran,
Sabio ser lleno de sensualidad.
Te excita el color de mi piel,
Mis palideces,
Mi rubor enardecido
De escondido deleite,
No me haces saber tus pensamientos,
No te enseño mis valles,
En el espíritu de belleza te ansío,
Maravilloso y pausado.
Aún no eres mío
Mientras sucumbo en tu silencio,
Me encierro en el nido,
Y veo a Apolo regar,
El edén que Dios florece,
Donde no crecen espinas.
El vino dulcifica tu garganta,
El vino de beso
En tu mirada
Llegará el día
En que llegue a ser muy tuya,
De noche te busqué,
En mi hamaca de paso,
Y no te hallé,
Pero te veo
Eres hermoso,
Apolo no pudo
Envidiar distinto cuerpo,
Tu hablar distinguido,
Tus labios voluptuosos,
El cabello que ondula
La pasión que no inicias,
El idilio que aproximas.
No hay fin a ese tenerte,
Que me comienza esquivo,
Y tú también persigues
A esta paloma que teme
Esconderse en tu abrazo,
Fuerte como el árbol,
Terrible como el trueno,
Excitante hasta tu beso
Luego, el desmayo
De placer en tus conquistas.
Tu lengua ansía mi sed,
La miel,
Tu sustento
De amores,
Yo duermo y me agito,
Tu corazón vela,
Tus instintos sosiegan
El clamor interior,
Hasta mi pecho.
Recorre el aposento
Con la llama encendida,
Introduce hasta mi puerta,
La entrada no vista,
Lléname con tus besos,
Hínchame de tus caricias,
Derrumba el mármol y las copas de oro,
Detén mi lozanía
En tu humedad,
Vísteme de sirena,
Disfraza mi belleza
Sólo a ti pertenecerá.
Amigo, sin sombras,
No me alejaré de ti.
Vámonos juntos
Al lugar donde no llega la noche.
De acíbar me invade tu cuerpo,
No cesan los vientos de golpear
Tormentas vanas,
El rocío me invade hasta tus poros.
El Santo Espíritu desciende hasta nosotros.
Esa hermandad que no me deja dormir,
Sin tu abrazo suntuoso,
Me sosiega en la fuente de tu boca,
El ánima que en ti respira,
A mí me quita la vida,
Desfallezco de deseo.
Adéntrate en mi cuerpo,
Levanta la realidad,
Haz que la visión sea tu cuerpo,
Y de tus ojos el amor,
Hazme perder la última cordura,
Para poder ver a medianoche la dulzura,
En tu faz.
El escogido, el amante,
Todo luz,
Me alejé y torné nuevamente a ti,
Bello rey,
Gentil espiga
Para mi hambre digna,
Calmada con ayunos,
No escondas el precio que cuesta
Tu grandeza.
Ven siempre y déjame acercarme.
Entra a la recámara alta,
Pernocta en mi recinto,
Tendrás muerto el deseo,
Sólo el éxtasis te cubrirá.
Dime que me amas,
Eres caro a mi corazón.
Como torres que me invitan a ascender,
Es tu abrazo.
No hay enemigos al amor,
Te beso en silencio,
Rescátame del sueño.
Razonamientos, sentimientos
Me hacen delirar,
Tu pasión es el premio.
Tu nombre homenajeo,
En reconocimiento exterior,
De esa materia que me oscurece,
Mientras soy toda blanca,
En mi interior.
Con creces,
Ves latir mis fiebres.
Si miras el sol con nuevos ojos,
Verás en mí el amor.
Donde tú estás, hay mucha luz,
Pero sigue las pisadas de una oveja.
No importan coronas ni púrpuras,
Si el ánimo no cambia,
Y tu palabra sea pura,
El donaire, el encanto
Sean el oro que perdura en tus cabellos,
En esa superior hermosura.
El unigénito descansa en el Padre,
Como tú en mí,
Tus sabios movimientos,
El callar,
El hablar,
Me hablan de tu casta divina.
Déjame verte en mi puerta,
Ya pasó la noche, el invierno,
Las vides son de nuevo,
Para acompañar mi pasión,
Que busca
Al que ama mi alma.
Mejor no vengas,
Mucho te he esperado,
Regresas y no estás,
Me quedo como Dido,
Consumida en la llama de mis utópicas ansias.
Sigue siendo perfecto,
avanza,
Consuela este silencio amado,
Con tu voz,
Déjame cumplir todo tu anhelo,
Obedeceré tu sueño.
Tus palabras son música
En la elipse del mar.
A cada paso, escuchas los latidos
De mi pecho anhelante,
Que surgen desde el universo,
Mi alma te desea más de lo que mi cuerpo te besa.
Eres tan bello,
Blanco por doquier,
Con esa luz que hermosea tu piel
Y enciende*mis caricias.
Rodea la noche en mi cintura,
Asalta mi cuerpo,
La puerta cerrada,
derríbala,
Allí estaré.
Quiero mirarte siempre.
Mis ojos te transportarán
A un nuevo Edén de delicias.
Me quedo en tu deseo.
En el azul del paisaje
Te daré mis ardores.
Estoy llena de ti,
De la heroica melodía de tu pasado intacto.
Podrás algún día verme coronada
Con la rosa y el lirio,
En la mañana de abril.
Esposa es mucho menos
de lo que quiero ser.
Con besos suaves,
Sin yerros ni espinas,
Me sofocas.
El sí que tengo de tu boca,
Me cautiva,
Se lleva la flecha,
Mis barreras,
La huida de tu fe pasajera,
El laberinto de miedos,
El inútil tormento,
Tendrás la vid
De mis secretos.
Esparce las natas sobre mí,
los perfumes,
con tus manos, lentamente, sobre mi piel,
todo el deseo de tu poder en mí!
Quién no te ama,
eres tan bello,
hazme saber el contenido de tu alma,
un secreto, tu candor,
tu mirar hacia mí que esconde la pasión
contenida,
te empiezan a adornar mis conquistas,
al sitial más alto te llevé
donde tú eres el nardo que respiro,
contigo se ilumina e incendia el campo todo,
tanta pasión despiertas,
y casi soy inmaterial,
con los velos de Eurídice,
no podrás mirarme;
el silencio de Plotina,
en mi frente,
te detiene en la puerta,
sin cruzar el umbral,
de los besos,
no veo el sello de tu verdad,
tu deseo callado no pronunció mi nombre,
tu vanidad y virtud zozobraron
ante el pequeño sueño que desaparece
en mi herida,
y tu sonrisa es el cáliz que se derrama
en la distancia,
de besos no probados,
inspiraciones sin yerro!
Acude a mi agonía milenaria,
Revísteme de flores
Para decorar el día
De un efímero jardín,
La risa incolora
De tu temblor innato,
Me persigue con tu olor.
Recoge los anhelos fervientes
De mi mundo intocado,
No recuerdes el fin,
Toca la cítara en mi hora,
En que de sedas me cubra para ti,
Anochece en plena aurora
De tu mirar muy triste,
Sombrío me confortas,
Y en la calma de tu mirada,
Me olvido de mí misma.
Me ahogo en tu impetuoso delirio,
de olas gigantescas,
Tu emoción me devora,
Sin alcanzarme en idilios,
Me castigas y me añoras,
En el dolor sin fin de tus sueños de alquimista.
Tañe la campana medieval,
La melodía mística
Que llena de éxtasis
O de terror,
Y espero verte en la entrada gótica,
Detrás de los monjes,
Que cantan el Dies Ihre,
Tu calvario es mi olvido.
Una ángel dice el mensaje
Que anuncia batallas
Al lado de una virgen,
Se recobra una corona,
Mientras una pesadilla da vueltas
En torno a mi cabeza,
Y ya no sé qué imagen ostentas,
Bello ser, del bien, del mal,
Repleto de secretos,
Que duermen en el mar,
Un día despierta el sonido,
El llanto, la risa,
Y surge la poesía,
El óleo,
De lugares vivientes
Que surgen en mi ser
Cabalgo por caminos oscuros
A una sacra misión,
Tu homenaje es el adiós,
A esa veloz existencia
Que perpetúa el mar
Y el viento,
Me trae tu aroma
Antiguo,
Y un imaginario beso
Que no detiene tu paso
En el largo caminar
De mis deseos!
Bésame el aliento
Que huye en pos de ti,
Recoge el alma,
Devuélvela a mí.
Propiedad del sentir,
Tu mano cauta,
Deslizarse en mi jardin
Sin bebidas rojas,
Sólo el agua pasional
Llena mi respiración.
Que toda la creación te alimente,
Y mi mirada te conquiste.
Antes de hablar,
Reconociste mi sabiduría,
Colocando el anillo
De la espera
Aún no he sentido tu piel,
Y los afanes de tu lengua me inspiran,
Sabio ser lleno de sensualidad.
Te excita el color de mi piel,
Mis palideces,
Mi rubor enardecido
De escondido deleite,
No me haces saber tus pensamientos,
No te enseño mis valles,
En el espíritu de belleza te ansío,
Maravilloso y pausado.
Aún no eres mío
Mientras sucumbo en tu silencio,
Me encierro en el nido,
Y veo a Apolo regar,
El edén que Dios florece,
Donde no crecen espinas.
El vino dulcifica tu garganta,
El vino de beso
En tu mirada
Llegará el día
En que llegue a ser muy tuya,
De noche te busqué,
En mi hamaca de paso,
Y no te hallé,
Pero te veo
Eres hermoso,
Apolo no pudo
Envidiar distinto cuerpo,
Tu hablar distinguido,
Tus labios voluptuosos,
El cabello que ondula
La pasión que no inicias,
El idilio que aproximas.
No hay fin a ese tenerte,
Que me comienza esquivo,
Y tú también persigues
A esta paloma que teme
Esconderse en tu abrazo,
Fuerte como el árbol,
Terrible como el trueno,
Excitante hasta tu beso
Luego, el desmayo
De placer en tus conquistas.
Tu lengua ansía mi sed,
La miel,
Tu sustento
De amores,
Yo duermo y me agito,
Tu corazón vela,
Tus instintos sosiegan
El clamor interior,
Hasta mi pecho.
Recorre el aposento
Con la llama encendida,
Introduce hasta mi puerta,
La entrada no vista,
Lléname con tus besos,
Hínchame de tus caricias,
Derrumba el mármol y las copas de oro,
Detén mi lozanía
En tu humedad,
Vísteme de sirena,
Disfraza mi belleza
Sólo a ti pertenecerá.
Amigo, sin sombras,
No me alejaré de ti.
Vámonos juntos
Al lugar donde no llega la noche.
De acíbar me invade tu cuerpo,
No cesan los vientos de golpear
Tormentas vanas,
El rocío me invade hasta tus poros.
El Santo Espíritu desciende hasta nosotros.
Esa hermandad que no me deja dormir,
Sin tu abrazo suntuoso,
Me sosiega en la fuente de tu boca,
El ánima que en ti respira,
A mí me quita la vida,
Desfallezco de deseo.
Adéntrate en mi cuerpo,
Levanta la realidad,
Haz que la visión sea tu cuerpo,
Y de tus ojos el amor,
Hazme perder la última cordura,
Para poder ver a medianoche la dulzura,
En tu faz.
El escogido, el amante,
Todo luz,
Me alejé y torné nuevamente a ti,
Bello rey,
Gentil espiga
Para mi hambre digna,
Calmada con ayunos,
No escondas el precio que cuesta
Tu grandeza.
Ven siempre y déjame acercarme.
Entra a la recámara alta,
Pernocta en mi recinto,
Tendrás muerto el deseo,
Sólo el éxtasis te cubrirá.
Dime que me amas,
Eres caro a mi corazón.
Como torres que me invitan a ascender,
Es tu abrazo.
No hay enemigos al amor,
Te beso en silencio,
Rescátame del sueño.
Razonamientos, sentimientos
Me hacen delirar,
Tu pasión es el premio.
Tu nombre homenajeo,
En reconocimiento exterior,
De esa materia que me oscurece,
Mientras soy toda blanca,
En mi interior.
Con creces,
Ves latir mis fiebres.
Si miras el sol con nuevos ojos,
Verás en mí el amor.
Donde tú estás, hay mucha luz,
Pero sigue las pisadas de una oveja.
No importan coronas ni púrpuras,
Si el ánimo no cambia,
Y tu palabra sea pura,
El donaire, el encanto
Sean el oro que perdura en tus cabellos,
En esa superior hermosura.
El unigénito descansa en el Padre,
Como tú en mí,
Tus sabios movimientos,
El callar,
El hablar,
Me hablan de tu casta divina.
Déjame verte en mi puerta,
Ya pasó la noche, el invierno,
Las vides son de nuevo,
Para acompañar mi pasión,
Que busca
Al que ama mi alma.
Mejor no vengas,
Mucho te he esperado,
Regresas y no estás,
Me quedo como Dido,
Consumida en la llama de mis utópicas ansias.
Sigue siendo perfecto,
avanza,
Consuela este silencio amado,
Con tu voz,
Déjame cumplir todo tu anhelo,
Obedeceré tu sueño.
Tus palabras son música
En la elipse del mar.
A cada paso, escuchas los latidos
De mi pecho anhelante,
Que surgen desde el universo,
Mi alma te desea más de lo que mi cuerpo te besa.
Eres tan bello,
Blanco por doquier,
Con esa luz que hermosea tu piel
Y enciende*mis caricias.
Rodea la noche en mi cintura,
Asalta mi cuerpo,
La puerta cerrada,
derríbala,
Allí estaré.
Quiero mirarte siempre.
Mis ojos te transportarán
A un nuevo Edén de delicias.
Me quedo en tu deseo.
En el azul del paisaje
Te daré mis ardores.
Estoy llena de ti,
De la heroica melodía de tu pasado intacto.
Podrás algún día verme coronada
Con la rosa y el lirio,
En la mañana de abril.
Esposa es mucho menos
de lo que quiero ser.
Con besos suaves,
Sin yerros ni espinas,
Me sofocas.
El sí que tengo de tu boca,
Me cautiva,
Se lleva la flecha,
Mis barreras,
La huida de tu fe pasajera,
El laberinto de miedos,
El inútil tormento,
Tendrás la vid
De mis secretos.
Esparce las natas sobre mí,
los perfumes,
con tus manos, lentamente, sobre mi piel,
todo el deseo de tu poder en mí!
Quién no te ama,
eres tan bello,
hazme saber el contenido de tu alma,
un secreto, tu candor,
tu mirar hacia mí que esconde la pasión
contenida,
te empiezan a adornar mis conquistas,
al sitial más alto te llevé
donde tú eres el nardo que respiro,
contigo se ilumina e incendia el campo todo,
tanta pasión despiertas,
y casi soy inmaterial,
con los velos de Eurídice,
no podrás mirarme;
el silencio de Plotina,
en mi frente,
te detiene en la puerta,
sin cruzar el umbral,
de los besos,
no veo el sello de tu verdad,
tu deseo callado no pronunció mi nombre,
tu vanidad y virtud zozobraron
ante el pequeño sueño que desaparece
en mi herida,
y tu sonrisa es el cáliz que se derrama
en la distancia,
de besos no probados,
inspiraciones sin yerro!