Gilmar Antonio
Poeta recién llegado
De mis antojos más profundos
Que no se ven desde el cielo,
La caricia de la mano sucia, te trae,
Elixir de la vida; majestuoso.
De la mesa que nos une
Y brillando en un tono burdeos,
Fachoso, fornido, vislumbras,
El vaivén hipnótico de tus extremidades.
Tienes coloridos disfraces
Y eres néctar necesario de pordioseros,
Profesas soledad en compañía,
Y tu sencillez amarga que enamora
Voy a vivirte a lo grande
Sin huir de tus mañanas siguientes,
Como un patrón de océanos burdeos;
La magia misma de mis deseos.
Como manantial en un voraz desierto,
Y un sediento eterno de Vino, orgulloso.
Me castigas, cuando mal me porto
Y me abrazas, cuando triste lloro.
Que no se ven desde el cielo,
La caricia de la mano sucia, te trae,
Elixir de la vida; majestuoso.
De la mesa que nos une
Y brillando en un tono burdeos,
Fachoso, fornido, vislumbras,
El vaivén hipnótico de tus extremidades.
Tienes coloridos disfraces
Y eres néctar necesario de pordioseros,
Profesas soledad en compañía,
Y tu sencillez amarga que enamora
Voy a vivirte a lo grande
Sin huir de tus mañanas siguientes,
Como un patrón de océanos burdeos;
La magia misma de mis deseos.
Como manantial en un voraz desierto,
Y un sediento eterno de Vino, orgulloso.
Me castigas, cuando mal me porto
Y me abrazas, cuando triste lloro.