Oda al náufrago que retorna a la balsa

@Lancelot

Poeta recién llegado
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Poco a poco regresamos a esa vida,
aquella que es remota y ajena al sueño que fuimos.
Lentamente el tsunami de esta transitoria concurrencia,
retornan al cauce de la subsistencia que dejamos,
o a la que escapamos, para mantener la pequeña lampara,
donde reposa el olvido que procuramos mantener vivo,
en la mirada conforme y una taza de café.

Llegué a la orilla de tu conciencia,
y abracé el calor del aluvión blanco que es tu ser.
Nuestras costas se juntaron imperceptiblemente al mundo y sus ruidos,
para dormir bajo la luz débil del farol, testigo de aquel primer beso.

Escribimos versos en areniscas playas,
y dejamos que las olas los arrastrasen al fondo del corazón oceánico.
Recordamos viejas canciones, oxidados poemas.
Despertamos vivencias de la memoria,
que solo tienen espacio en entre tus sienes y las mías.

Como a todo marinero, las vueltas del sol,
cobraron su deuda en mi piel,
y el deseo de la tuya,
que descansa congelado entre los huesos que te amaron hace algún tiempo.

Casi sin percatarse mis sueños expatriados siguen los pasos de mis circunstancias,
retornan a la isla a donde escape de tu recuerdo.
Y tu amada, vuelves a ser pasajera secreta de mil noches y un sueño.
Solo me quedan lanzar trovas en capsulas binarias al océano digital e infinito…

Pequeños faroles abandonados al rescate de pescadores de esperanzas perdidas,
testigos invisibles de un encuentro sutil.
Pistas incompletas de un rompecabezas de dos caras,
que marca el mapa del lugar etéreo,
en donde, aunque sea por unos breves momentos,
nos rescatamos.​

 
Última edición:
Poco a poco regresamos a esa vida,
Aquella que es remota y ajena al sueño que fuimos.
Lentamente el tsunami de esta transitoria concurrencia,
Retornan al cauce de la subsistencia que dejamos,
o a la que escapamos, para mantener la pequeña lampara
Donde reposa el olvido que procuramos mantener vivo
En la mirada conforme y una taza de café.

Llegué a la orilla de tu conciencia,
Y abracé el calor del aluvión blanco que es tu ser.
Nuestras costas se juntaron imperceptiblemente al mundo y sus ruidos,
Para dormir bajo la luz débil del farol, testigo de aquel primer beso.

Escribimos versos en areniscas playas,
Y dejamos que las olas los arrastrasen al fondo del corazón oceánico,
Recordamos viejas canciones, oxidados poemas,
Despertamos vivencias de la memoria,
Que solo tienen espacio en entre tus sienes y las mías.

Como a todo marinero, las vueltas del sol
Cobraron su deuda en mi piel,
Y el deseo de la tuya,
Que descansa congelado entre los huesos que te amaron hace algún tiempo.

Casi sin percatarse mis sueños expatriados siguen los pasos de mis circunstancias,
Retornan a la isla a donde escape de tu recuerdo
Y tu amada, vuelves a ser pasajera secreta de mil noches y un sueño.
Solo me quedan lanzar trovas en capsulas binarias al océano digital e infinito…

Pequeños faroles abandonados al rescate de pescadores de esperanzas perdidas,
Testigos invisibles de un encuentro sutil,
Pistas incompletas de un rompecabezas de dos caras,
Que marca el mapa del lugar etéreo,
En donde, aunque sea por unos breves momentos,
Nos rescatamos.​

Bello poema, me ha gustado, lo veo como todo él una hermosa y gran metáfora, el regreso después de andar perdidos para encontrarnos con nosostros y con los que amamos y nos aman. Un abrazo amigo Lancelot. Paco.
 
Poco a poco regresamos a esa vida,
Aquella que es remota y ajena al sueño que fuimos.
Lentamente el tsunami de esta transitoria concurrencia,
Retornan al cauce de la subsistencia que dejamos,
o a la que escapamos, para mantener la pequeña lampara
Donde reposa el olvido que procuramos mantener vivo
En la mirada conforme y una taza de café.

Llegué a la orilla de tu conciencia,
Y abracé el calor del aluvión blanco que es tu ser.
Nuestras costas se juntaron imperceptiblemente al mundo y sus ruidos,
Para dormir bajo la luz débil del farol, testigo de aquel primer beso.

Escribimos versos en areniscas playas,
Y dejamos que las olas los arrastrasen al fondo del corazón oceánico,
Recordamos viejas canciones, oxidados poemas,
Despertamos vivencias de la memoria,
Que solo tienen espacio en entre tus sienes y las mías.

Como a todo marinero, las vueltas del sol
Cobraron su deuda en mi piel,
Y el deseo de la tuya,
Que descansa congelado entre los huesos que te amaron hace algún tiempo.

Casi sin percatarse mis sueños expatriados siguen los pasos de mis circunstancias,
Retornan a la isla a donde escape de tu recuerdo
Y tu amada, vuelves a ser pasajera secreta de mil noches y un sueño.
Solo me quedan lanzar trovas en capsulas binarias al océano digital e infinito…

Pequeños faroles abandonados al rescate de pescadores de esperanzas perdidas,
Testigos invisibles de un encuentro sutil,
Pistas incompletas de un rompecabezas de dos caras,
Que marca el mapa del lugar etéreo,
En donde, aunque sea por unos breves momentos,
Nos rescatamos.​

Pero qué hermosa manera de regresar, de salvarse, de volver a la vida a vivirla. Un gusto pasar por acá y leerte.
 
poema-105585-oda-del-naufrago-que-retorna-la-balsa.jpg

Poco a poco regresamos a esa vida,
aquella que es remota y ajena al sueño que fuimos.
Lentamente el tsunami de esta transitoria concurrencia,
retornan al cauce de la subsistencia que dejamos,
o a la que escapamos, para mantener la pequeña lampara,
donde reposa el olvido que procuramos mantener vivo,
en la mirada conforme y una taza de café.

Llegué a la orilla de tu conciencia,
y abracé el calor del aluvión blanco que es tu ser.
Nuestras costas se juntaron imperceptiblemente al mundo y sus ruidos,
para dormir bajo la luz débil del farol, testigo de aquel primer beso.

Escribimos versos en areniscas playas,
y dejamos que las olas los arrastrasen al fondo del corazón oceánico.
Recordamos viejas canciones, oxidados poemas.
Despertamos vivencias de la memoria,
que solo tienen espacio en entre tus sienes y las mías.

Como a todo marinero, las vueltas del sol,
cobraron su deuda en mi piel,
y el deseo de la tuya,
que descansa congelado entre los huesos que te amaron hace algún tiempo.

Casi sin percatarse mis sueños expatriados siguen los pasos de mis circunstancias,
retornan a la isla a donde escape de tu recuerdo.
Y tu amada, vuelves a ser pasajera secreta de mil noches y un sueño.
Solo me quedan lanzar trovas en capsulas binarias al océano digital e infinito…

Pequeños faroles abandonados al rescate de pescadores de esperanzas perdidas,
testigos invisibles de un encuentro sutil.
Pistas incompletas de un rompecabezas de dos caras,
que marca el mapa del lugar etéreo,
en donde, aunque sea por unos breves momentos,
nos rescatamos.​

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Jazmín
 

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