BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Oh mujer, oh mujer:
que golpeas con rabia y furia
las avenidas del sueño moribundo
poseyendo la gloria incisiva
de tus dientes deificados y venerables:
escucha, oh mujer, te adoro.
Y en mis intestinos y en mis vísceras
las más proverbiales, las más lascivas,
las más rudas, las más romas, rompes
con ruido las venas que socavan el mundo.
Y en mis vasijas sin fe ni esperanza alternativa,
en mis segundos multiplicados, imagino y proyecto
nieves de otro tiempo: observo tu degradado cabello
rubio incitando al globo terrestre a participar
de tu belleza exaltada. Oh mujer, mujer, te adoro.
Ni ironía ni sarcasmo ni rutilante oprobio
mancillan hoy mi lengua, palabras más rudimentarias
no dirán sobre ti, mujer. Soy tierno
invariablemente ciego, en la convulsa sombra celeste
en los diarios acueductos de la noche, vacío de mí:
siempre te respiro. Mujer, mujer, oh mujer!
©
que golpeas con rabia y furia
las avenidas del sueño moribundo
poseyendo la gloria incisiva
de tus dientes deificados y venerables:
escucha, oh mujer, te adoro.
Y en mis intestinos y en mis vísceras
las más proverbiales, las más lascivas,
las más rudas, las más romas, rompes
con ruido las venas que socavan el mundo.
Y en mis vasijas sin fe ni esperanza alternativa,
en mis segundos multiplicados, imagino y proyecto
nieves de otro tiempo: observo tu degradado cabello
rubio incitando al globo terrestre a participar
de tu belleza exaltada. Oh mujer, mujer, te adoro.
Ni ironía ni sarcasmo ni rutilante oprobio
mancillan hoy mi lengua, palabras más rudimentarias
no dirán sobre ti, mujer. Soy tierno
invariablemente ciego, en la convulsa sombra celeste
en los diarios acueductos de la noche, vacío de mí:
siempre te respiro. Mujer, mujer, oh mujer!
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