OFELIA EN LA NOCHE
La noche ha devorado las constelaciones
y los brillos de las luciérnagas
La noche esa gran devoradora me aísla
como una sombra más
como algo suyo.
Se que soy un sólido disuelto en sombras
incapaz ya de emitir los brillos
que me ha robado la noche
Soy en ese magma unificado y oscuro
un barco que navega cerca de un puerto carente de señales
un fogoso león que no encuentra su sustento.
Podría devorar mi historia si supiese donde está
descuidado la he debido de esparcir por los oasis
o en las mesas de las tabernas de arrabal
o entre las sábanas iluminadas
por los ojos de una mujer
o tal vez en la alta madrugada de mis insomnios.
Las lentejuelas que brillaban en el fondo de mis ojos
se han desvaído como nieve
como aves que huyen de los milanos.
Las caricias que temblaban en el amanecer de mis manos
se transforman en rudas herramientas
para demoler mi camino hacia tu carne.
Eras la catedral inconclusa
que necesitaba de mi voz para tañer sus campanas
la roca en la que tallar tu cifra y mi devoción
oh mujer de alas doradas
de talle circundado por el misterio.
En esa melodía circular hecha de vidrio
enumeras los placeres que me aguardan
si transformo mi carne lacia
en un incruento homenaje a la tuya.
Te me acabas como ola perfumada
entregandome las llaves de tu risa
el cúmulo de silencios adornados de naranjas
enloquece las armonías de las formas
y mantiene abierta las puertas al nuevo día que nace.
Piedra sobre piedra preciosa
marfiles sobre ópalos cerúleos
tu mano como mensaje mesiánico
que escribe apocalipsis felices.
Qué hermoso ver avanzar nuevos verdes
sobre los prados añiles
y corretear sobre las llamas a los pequeños diablillos
que se escapan de tu alma.
Qué hermoso... pero calla, corazón
Te vacías de flores rotas como un almendro en olvido
Y tú, ella, mi espejo de doble cara
ignoras las leyes esenciales que rigen la reflexión.
No debieras hacerlo con mi imagen que es la tuya
Recuerda la ceremonia y el rito que nos impusieron los dioses
Yo, tú, ella... en la cama y en el espejo
y el universo que se vacía en la noche.
“Ophelia”. Gregory Crewdson (fotografía)
La noche ha devorado las constelaciones
y los brillos de las luciérnagas
La noche esa gran devoradora me aísla
como una sombra más
como algo suyo.
Se que soy un sólido disuelto en sombras
incapaz ya de emitir los brillos
que me ha robado la noche
Soy en ese magma unificado y oscuro
un barco que navega cerca de un puerto carente de señales
un fogoso león que no encuentra su sustento.
Podría devorar mi historia si supiese donde está
descuidado la he debido de esparcir por los oasis
o en las mesas de las tabernas de arrabal
o entre las sábanas iluminadas
por los ojos de una mujer
o tal vez en la alta madrugada de mis insomnios.
Las lentejuelas que brillaban en el fondo de mis ojos
se han desvaído como nieve
como aves que huyen de los milanos.
Las caricias que temblaban en el amanecer de mis manos
se transforman en rudas herramientas
para demoler mi camino hacia tu carne.
Eras la catedral inconclusa
que necesitaba de mi voz para tañer sus campanas
la roca en la que tallar tu cifra y mi devoción
oh mujer de alas doradas
de talle circundado por el misterio.
En esa melodía circular hecha de vidrio
enumeras los placeres que me aguardan
si transformo mi carne lacia
en un incruento homenaje a la tuya.
Te me acabas como ola perfumada
entregandome las llaves de tu risa
el cúmulo de silencios adornados de naranjas
enloquece las armonías de las formas
y mantiene abierta las puertas al nuevo día que nace.
Piedra sobre piedra preciosa
marfiles sobre ópalos cerúleos
tu mano como mensaje mesiánico
que escribe apocalipsis felices.
Qué hermoso ver avanzar nuevos verdes
sobre los prados añiles
y corretear sobre las llamas a los pequeños diablillos
que se escapan de tu alma.
Qué hermoso... pero calla, corazón
Te vacías de flores rotas como un almendro en olvido
Y tú, ella, mi espejo de doble cara
ignoras las leyes esenciales que rigen la reflexión.
No debieras hacerlo con mi imagen que es la tuya
Recuerda la ceremonia y el rito que nos impusieron los dioses
Yo, tú, ella... en la cama y en el espejo
y el universo que se vacía en la noche.
“Ophelia”. Gregory Crewdson (fotografía)