Se puede prescindir de muchas cosas:
del pan, del vestido, de los oropeles
pero no se puede prescindir de la poesía.
¡Definitivamente no!
Es que sencillamente
un grano de poesía sazona un siglo,
como afirmó el Maestro.
También él,
únicamente él ,
nos demostró que con versos
se puede construir el universo:
Ya ves, de carne
Se puede hacer una flor.
Se puede, con el poder del cariño,
¡Hacer un cielo y un niño!
No se puede vivir sin la poesía
porque ella es la esencia de la vida misma.
Es el misterio permanente,
la perpetua compañía,
el silencio cómplice,
la soledad acompañada,
la alegría y el dolor.
¿Viviremos entonces acaso el Día universal de la poesía?
¿O mejor decir que la poesía
es el instante supremo de todos los días.?
¡Nunca dejemos que se vaya!
Por muy fiera y caprichosa
Que aparezca.
Finalmente ella
Partirá su carga con nosotros.
Ella está ahí
para que nadie ose
contestar la pregunta de Dulce María:
¿Quién toca el arpa de la lluvia?
También estará Bécquer junto a todos para contestar, en el centro mismo de la aurora:
¡Poesía eres tú!
Así nadie encontrará el beso que se le volvió estrella en el alma
a aquella mujer de luz y dulzura,
nadie dudará de aquel rebelde
a la vez diamante con alma de beso
en su corcel invicto para siempre.
Cantemos entonces ese himno sereno a la poesía para que desde un árbol gigantesco siga creciendo esta suerte de amor eclosionado
y alguien nos siga ofrendando
la magia de los amaneceres.
De ese modo
¡No dudará nadie
que estamos entonando
el más bello concierto de la vida.!
¡Oh, la poesía!
del pan, del vestido, de los oropeles
pero no se puede prescindir de la poesía.
¡Definitivamente no!
Es que sencillamente
un grano de poesía sazona un siglo,
como afirmó el Maestro.
También él,
únicamente él ,
nos demostró que con versos
se puede construir el universo:
Ya ves, de carne
Se puede hacer una flor.
Se puede, con el poder del cariño,
¡Hacer un cielo y un niño!
No se puede vivir sin la poesía
porque ella es la esencia de la vida misma.
Es el misterio permanente,
la perpetua compañía,
el silencio cómplice,
la soledad acompañada,
la alegría y el dolor.
¿Viviremos entonces acaso el Día universal de la poesía?
¿O mejor decir que la poesía
es el instante supremo de todos los días.?
¡Nunca dejemos que se vaya!
Por muy fiera y caprichosa
Que aparezca.
Finalmente ella
Partirá su carga con nosotros.
Ella está ahí
para que nadie ose
contestar la pregunta de Dulce María:
¿Quién toca el arpa de la lluvia?
También estará Bécquer junto a todos para contestar, en el centro mismo de la aurora:
¡Poesía eres tú!
Así nadie encontrará el beso que se le volvió estrella en el alma
a aquella mujer de luz y dulzura,
nadie dudará de aquel rebelde
a la vez diamante con alma de beso
en su corcel invicto para siempre.
Cantemos entonces ese himno sereno a la poesía para que desde un árbol gigantesco siga creciendo esta suerte de amor eclosionado
y alguien nos siga ofrendando
la magia de los amaneceres.
De ese modo
¡No dudará nadie
que estamos entonando
el más bello concierto de la vida.!
¡Oh, la poesía!