¡Oh, vida,¡Te amo!
Cuando el arce y sus hojas
dialogan con el viento
y la sierpe cristalina del agua
abraza estrechamente su corteza,
-yo te amo-,
cuando la espada verde de la hierba
amamanta su borde trémulo
en la savia fría de las nubes,
y la costa oceánica de los charcos
acarician el vestido gris de la tierra,
-yo te amo-,
mi alma se estremece,
y las grietas profundas de mi mente
lloran perlas rojas como musgo,
entonces,
por amarte así
mi yo se difumina
y es el aire, son los ríos, es el barro,
polvo tenue y cotidiano,
linaje de estrellas que se vierte
de mi boca a la tuya.
¡Oh, vida!, ¡te amo!,
¡te amo,
te vivo amando...!
Desarmado y desnudo
abandonando mi traje guerrero
ya no lucho contigo,
ganaste el juego dialéctico,
fue siempre así,
y, así continuará siendo.
Vuelo de amor en el otoño,
ardiente talismán derretido como cera
entre mis manos,
te amo,
amo tu alegría y tu tristeza,
el melancólico rumor de los riscos en el cerro.
Déjame que te ofrezca libremente mi cuerpo,
que me funda contigo en un beso interminable
y tu esencia penetre en mi carne,
junto al viento, te seguiré amando
y al poseerte, sentir el oleaje espeso
de toda tu alma
y tu cuerpo sólo para mí,
entretejido en telar tendido
para este hombre, que sólo vive para tí
y te amo...
Hector Alberto Villarruel.