Oigo tu voz

Alberto de la Morabia

Poeta recién llegado
Sé distinguir tu voz entre la gente,
Si me llamas, feliz voy a tu encuentro,
Para que tú me nombres, oír tu acento,
Que dice la verdad y a veces miente.

Vendaval que me arrastra en su corriente,
Y que me hace sentir, como ahora siento,
La voz del ruiseñor que llevo dentro,
Del corazón: dormido estoy consciente.

Alegre sinsabor, turbas mi mente,
Y me obligas a ver lo que no he visto.
Cubra un silencio gris tu voz doliente.

No puedo resistirme y no resisto,
Trato de no apagarme inútilmente,
Deseo no existir y ya no existo.
 
Sé distinguir tu voz entre la gente,
Si me llamas, feliz voy a tu encuentro,
Para que tú me nombres, oír tu acento,
Que dice la verdad y a veces miente.

Vendaval que me arrastra en su corriente,
Y que me hace sentir, como ahora siento,
La voz del ruiseñor que llevo dentro,
Del corazón: dormido estoy consciente.

Alegre sinsabor, turbas mi mente,
Y me obligas a ver lo que no he visto.
Cubra un silencio gris tu voz doliente.

No puedo resistirme y no resisto,
Trato de no apagarme inútilmente,
Deseo no existir y ya no existo.
Muy bello poema de amor y soledad, a veces los sentimientos caminan solos. Un abrazo amigo Alberto. Paco.
 
Gracias por vuestros amables comentarios, pero este poema, aunque ambiguo, trata de trasladar a palabras ese deseo de introspección que creo que todos hemos sentido alguna vez. Que no es querer estar solo, es querer estar dentro de uno mismo. Ese abandono de la realidad me crea sentimientos contradictorios: como el canto de las sirenas resulta tan atractivo como peligroso. La voz que oigo es mi propia voz, por tanto.
 

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