PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
Todos los días por las mañanas y antes de entrar a la escuela,
La niña pasaba y colgaba su mirada del escaparate de la tienda.
En una caja deslumbrante había descubierto tiempo atrás
la maravilla hecha sueño con cabellos rubios y ojos azules
de cristal, vestidito de tul y zapatillas cristalinas.
Llena de felicidad y deseo siempre preguntaba al tendero el precio
-cien pesos nena, no ha subido desde ayer- y con sonrisas y
anhelo se despedía diciendo hasta mañana querida amiga-
y se perdía entre sus sueños.
Un día su tía llegó a casa de sorpresa, no la veía hacía buen tiempo.
La niña le regalo sus sonrisas y su abrazo cariñoso. La tía
dijo entre risas. algo quiere este tesoro- y extendió hacia sus manitas
una bolsita pequeña. Ábrela le dijo , lo cual obedeció con
demasiada prisa.- ¡Un billete de cien pesos!- gritó con escalofrío y
sin mas ni más, salio como un estampido.
Llegó agitada a la tienda, no encontró lo que buscaba, camino
desesperada y con el alma en un hilo, acostumbrados sus ojos a
mirar siempre al mismo sitio, ya no estaba lo que tantos días y
noches anhelaba su corazoncito.
Las lágrimas brotaban de sus ojos y la desesperación de su alma,
Miró el billete en su mano ya no me sirves de nada- y cubrió
su rostro acongojada.
Salió el dueño de la tienda al escuchar los gemidos Que te pasa
princesita, ya no llores te lo pido- La niña ya sin habla abrió su
pequeña mano con el dinero arrugado y señalo el lugar vacío
en el aparador más buscado.
Aquel hombre enternecido regresó a su mostrador, sacando de otros
estantes una caja deslumbrante. - Mi pequeña ya no llores que la guardé
para ti, no podría ser de nadie más, por eso yo la escondí-
Con los ojos desmesurados llenos de felicidad, la niña tomó el juguete
lo abrazó, lo beso y no lo soltó jamás.
Aún la guardo en mi closet, siempre fue parte de mí, el tesoro más deseado, mi amiga, mi compañera de juegos mi muñeca ojos de cielo.
La niña pasaba y colgaba su mirada del escaparate de la tienda.
En una caja deslumbrante había descubierto tiempo atrás
la maravilla hecha sueño con cabellos rubios y ojos azules
de cristal, vestidito de tul y zapatillas cristalinas.
Llena de felicidad y deseo siempre preguntaba al tendero el precio
-cien pesos nena, no ha subido desde ayer- y con sonrisas y
anhelo se despedía diciendo hasta mañana querida amiga-
y se perdía entre sus sueños.
Un día su tía llegó a casa de sorpresa, no la veía hacía buen tiempo.
La niña le regalo sus sonrisas y su abrazo cariñoso. La tía
dijo entre risas. algo quiere este tesoro- y extendió hacia sus manitas
una bolsita pequeña. Ábrela le dijo , lo cual obedeció con
demasiada prisa.- ¡Un billete de cien pesos!- gritó con escalofrío y
sin mas ni más, salio como un estampido.
Llegó agitada a la tienda, no encontró lo que buscaba, camino
desesperada y con el alma en un hilo, acostumbrados sus ojos a
mirar siempre al mismo sitio, ya no estaba lo que tantos días y
noches anhelaba su corazoncito.
Las lágrimas brotaban de sus ojos y la desesperación de su alma,
Miró el billete en su mano ya no me sirves de nada- y cubrió
su rostro acongojada.
Salió el dueño de la tienda al escuchar los gemidos Que te pasa
princesita, ya no llores te lo pido- La niña ya sin habla abrió su
pequeña mano con el dinero arrugado y señalo el lugar vacío
en el aparador más buscado.
Aquel hombre enternecido regresó a su mostrador, sacando de otros
estantes una caja deslumbrante. - Mi pequeña ya no llores que la guardé
para ti, no podría ser de nadie más, por eso yo la escondí-
Con los ojos desmesurados llenos de felicidad, la niña tomó el juguete
lo abrazó, lo beso y no lo soltó jamás.
Aún la guardo en mi closet, siempre fue parte de mí, el tesoro más deseado, mi amiga, mi compañera de juegos mi muñeca ojos de cielo.
