Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Ojos de clepsidra
Tus ojos de clepsidra dieron las 12 en la catedral
los granáculos corrieron como salmuera
escapándose de entre tus dedos, escapándose hacia mis párpados
Sueño de epitalamios tanto sereno
tanto inmortal
Lluvia de horas y horas sin guarecerse
el magistrado se encamina hacia el estrado
corriendo bajo el tinglado se enjuaga las pestañas
en una fuente cual vertiente en la que no se encuentra reflejado
-deja tus hábitos junto al montículo magistrado-
no te resistas a ser juzgado
ser amainado
Valkirias libidinosas acechan entre tus sueños
espían bajo la fuente y atacan al desmesurado
¡no te resistas a ser juzgado!
Sueño de una noche tanto serena
Tanto inmortal
Heridas suturadas mediante ovillos de ataujías
Espadas de plata eclipsadas sempiternamente acobardadas, y sus vainas
serenas se confieren al laurel
Ya no blanden al alba, despunta la madrugada
y solo son empuñadas al evocar
Espadas de plata eclipsadas espadas
las quiero nuevamente incitar
espadas clavadas en mis palabras espadas
no teman a ser juzgadas
Tus ojos de clepsidra dieron las 12 en la catedral
el magistrado ya enjuagado apresuro su paso
al llegar por fin al estrado el miedo se escabulló
y comprendió ya de adulto
que contra todo pronóstico
siempre elegiría vivir
Tus ojos de clepsidra dieron las 12 en la catedral
los granáculos corrieron como salmuera
escapándose de entre tus dedos, escapándose hacia mis párpados
Sueño de epitalamios tanto sereno
tanto inmortal
Lluvia de horas y horas sin guarecerse
el magistrado se encamina hacia el estrado
corriendo bajo el tinglado se enjuaga las pestañas
en una fuente cual vertiente en la que no se encuentra reflejado
-deja tus hábitos junto al montículo magistrado-
no te resistas a ser juzgado
ser amainado
Valkirias libidinosas acechan entre tus sueños
espían bajo la fuente y atacan al desmesurado
¡no te resistas a ser juzgado!
Sueño de una noche tanto serena
Tanto inmortal
Heridas suturadas mediante ovillos de ataujías
Espadas de plata eclipsadas sempiternamente acobardadas, y sus vainas
serenas se confieren al laurel
Ya no blanden al alba, despunta la madrugada
y solo son empuñadas al evocar
Espadas de plata eclipsadas espadas
las quiero nuevamente incitar
espadas clavadas en mis palabras espadas
no teman a ser juzgadas
Tus ojos de clepsidra dieron las 12 en la catedral
el magistrado ya enjuagado apresuro su paso
al llegar por fin al estrado el miedo se escabulló
y comprendió ya de adulto
que contra todo pronóstico
siempre elegiría vivir