¡No! Mírala bien, tiene ojos de laberinto, es larga la noche de sus cabellos, y en ellos esconde el rostro. Lo vez no quiere mirarte, teme que la arcilla de su mascarada se rinda ante el efluvio de tu luz.
Rompe el encanto. Ella es una herida de negros silencios confusa y amarga. Te olvida, y daría tu vida a los dioses, sólo por entretenimiento de sus horas grises.
Rompe el encanto. Ella es una herida de negros silencios confusa y amarga. Te olvida, y daría tu vida a los dioses, sólo por entretenimiento de sus horas grises.