Marcelo Pavón Suárez
Vasto
Y es en ese abrazo que tu mirada propone
donde me acaricio los barcos
que me anclan dos lágrimas
al puerto ausente de tu sombra.
Cuando tus ojos se me apoyan en el alma
a descansar
pareciera como si el filamento
de las luz que me brilla en los huesos
de pronto
empezara a titilar.
El atardecer se me clava en la sangre
y al arrancarlo
me gotea el reloj que miré sentado en tu eco
esperando que regreses.
Si…
Tu mirada es la sílaba acentuada
por las voces de la noche,
tus ojos abiertos,
desiertos,
cubiertos de arena,
de camellos,
vacíos de mí.
Tus ojos sensibles al tacto de mis ojos.
Tu mirada de rodillas
frente a la herrumbre
que se vuela de nuestros nombres,
sobre la cama lábil
que ya no tiende tu mano,
bajo el colchón de barba
que se yergue desde mi cara.
Si…
Es en los umbrales de tus ojos
donde me siento y acaricio
a tu corazón recién olvidado.