Brise
Poeta que considera el portal su segunda casa
Altos como los luceros que viven en el cielo,
negros como la noche que olvidarlos no quiero,
limpios como la aurora vislumbrando el sendero.
¡Amor, amor, qué bellos ojos negros!
Has visto cómo se posan mis pupilas en tu cuerpo,
y al desbordar el abismo caemos como aguacero:
Cantos de grillos, risueños carpinteros;
niño de mi vida, dueño de mis sueños.
Soy una mariposa posada entre amapolas del deseo.
Navego entre las nubes, sucumbida de desvelo,
y vuelves a clavar tus profundos ojos en mi celo.
Clavija de memorias se acurrucan en tu pelo;
adelgazo de fatiga, batallo para mis adentros,
tan solo por la mirada, de aquellos ojos negros.
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