Solaribus
Poeta veterano en el portal
He visto unos ojos persas, peregrinando...
Las pestañas acostumbradas al desierto,
a la soledad de las tormentas de arena,
con la belleza ajena a todo lo superfluo
que poseen quienes avanzan contra el viento.
Persiguen una estrella nacida en oriente,
huyen porque aman aquél tesoro perdido
que nadie puede comprender ni devolverles.
He visto la belleza en su estado más libre
en aquellas pupilas hondas de silicio,
el dolor del camino en la noche del iris
y la torpeza complaciente al pretender,
los viajantes necios, de aparentes palabras,
describir cómo está compuesta su mirada.
Genialidad doliente, oscura seducción,
marchito oasis de aguas turbias cianuradas.
Llevan consigo el astrolabio de los sabios,
la voluntad de hallar respuestas en los mares
atravesando horizontes yermos, estepas,
con la esperanza de amanecer hechos cielo.
Creed que he visto ojos bellos, brunos, ajenos,
¡Ay!, ¡pero jamás tan lejanos como aquéllos!
Las pestañas acostumbradas al desierto,
a la soledad de las tormentas de arena,
con la belleza ajena a todo lo superfluo
que poseen quienes avanzan contra el viento.
Persiguen una estrella nacida en oriente,
huyen porque aman aquél tesoro perdido
que nadie puede comprender ni devolverles.
He visto la belleza en su estado más libre
en aquellas pupilas hondas de silicio,
el dolor del camino en la noche del iris
y la torpeza complaciente al pretender,
los viajantes necios, de aparentes palabras,
describir cómo está compuesta su mirada.
Genialidad doliente, oscura seducción,
marchito oasis de aguas turbias cianuradas.
Llevan consigo el astrolabio de los sabios,
la voluntad de hallar respuestas en los mares
atravesando horizontes yermos, estepas,
con la esperanza de amanecer hechos cielo.
Creed que he visto ojos bellos, brunos, ajenos,
¡Ay!, ¡pero jamás tan lejanos como aquéllos!
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