Las olas,
pasan las horas acompañadas del mar.
Se escapan hacia la orilla,
para comprobar si está
el joven de tez morena, que las llegó a enamorar.
Se visten de espuma blanca,
con íntimas transparencias,
ondulando sus cabellos cuando intuyen su presencia.
Las olas,
cuando están solas,
sin que las escuche el mar,
se lo cuentan a la luna.
La luna,
sabe escuchar.
Las estrellas son millones , cuchichean sin parar.
Piden su espejo a la luna,
se dan rimel de cristal,
collares de aguamarina que no quedan nada mal.
Las olas,
lucen preciosas.
Se vuelve celoso el mar ,
éste,
las ata a las rocas con maromas de coral.
La luna,
su confidente,
desafiando a Neptuno,
le ha robado su tridente para deshacer los nudos.
Se deslizan a la orilla,
el corazón palpitante.
Se sonrojan sus mejillas al ver al joven amante.
Con timidez,
en silencio,
traviesas y con apuro,
acarician y se abrazan , a sus tobillos desnudos.
emilio puente segura
pasan las horas acompañadas del mar.
Se escapan hacia la orilla,
para comprobar si está
el joven de tez morena, que las llegó a enamorar.
Se visten de espuma blanca,
con íntimas transparencias,
ondulando sus cabellos cuando intuyen su presencia.
Las olas,
cuando están solas,
sin que las escuche el mar,
se lo cuentan a la luna.
La luna,
sabe escuchar.
Las estrellas son millones , cuchichean sin parar.
Piden su espejo a la luna,
se dan rimel de cristal,
collares de aguamarina que no quedan nada mal.
Las olas,
lucen preciosas.
Se vuelve celoso el mar ,
éste,
las ata a las rocas con maromas de coral.
La luna,
su confidente,
desafiando a Neptuno,
le ha robado su tridente para deshacer los nudos.
Se deslizan a la orilla,
el corazón palpitante.
Se sonrojan sus mejillas al ver al joven amante.
Con timidez,
en silencio,
traviesas y con apuro,
acarician y se abrazan , a sus tobillos desnudos.
emilio puente segura