Olímpica impostura
Cómo se deshilacha la absenta después de la risa
Los pensamientos en flor nunca se marchitan en las cabezas calvas
pero los sombreros no son lo mas adecuado para hacer la sombra
Son preferibles los viejos caballos de carreras
desprovistos de sus jinetes de cartón-piedra
y aliviados sus ijares por las carcajadas hercúleas de los tragafuegos
En las calles sin futuro las ventanas se abren sólo de noche
y los geranios se adormecen cuando suenan las mandolinas
Proyectan las farolas su palpitante luz de azahar
y refulgen las cuadrículas mohosas por las que ha de pasar mi sueño
Ah del Olimpo quebrado por los dioses
viejos chochos que buscan sus dentaduras entre las genistas y las rocas
ignorando en su impostada sabiduría
que las célibes doncellas no alcanzan el estante último de los tálamos
allí donde se guarda el recóndito espasmo o el suspiro
Francamente he de ignorar el tránsito ambivalente de los sonámbulos
muchos van camino del suicidio como homenaje a su infamia
Porqué habría de molestarlos
Vuelvo a la ambarina luz de mis gafas de ciego
usurpador de prebendas
y espero al barco de vapor que sustituye a la barca de Caronte
vuelvo a la luz de los cementerios clausurados
-se hace preocupante la falta de cadáveres que todavía palpitan-
Traigamos más fuego verde(*) y dejemos que las risas de esta noche
hagan su terapéutica misión de acallar las estatuas de la innumerable avenida
Yo te espero...
(*) Nombre en argot con el que se conocía la absenta
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