Jesus Sanmartin
Poeta recién llegado
Desde mi niñez, por la ventana,
he contemplado tu soledad
y por vivir tu desgana,
ante viento, lluvia, humedad.
Olivar, donde todas las tardes,
junto a ti yo jugaba.
Juntos surcamos los mares,
tú eras mi barco pirata.
Eras la prisión y la montaña,
de los personajes escogidos.
Eras la cabaña
de este pequeño forajido.
Cuando despertaba, el sol,
que te alumbraba el primero,
soñaba caminos de charol,
caminando contigo por el pueblo.
Olivar que ya no estás,
la mano del hombre me ha privado,
de la compaña del olivar,
que desde chico he contemplado.
Te extraña el sol, por no alumbrarte,
por no continuar al suelo sujeto.
Te extraña el niño al que mostraste,
la gratitud del respeto.
Olivar, tu tronco te han despejado,
tus ramas se han vuelto mustias.
No ha sido el remedio encontrado
para curar tus heridas.
Un camino de muerte recorres,
hasta que el suelo te recibe.
Suenan ya de la muerte los sones,
suenan los llantos del niño que conociste.
he contemplado tu soledad
y por vivir tu desgana,
ante viento, lluvia, humedad.
Olivar, donde todas las tardes,
junto a ti yo jugaba.
Juntos surcamos los mares,
tú eras mi barco pirata.
Eras la prisión y la montaña,
de los personajes escogidos.
Eras la cabaña
de este pequeño forajido.
Cuando despertaba, el sol,
que te alumbraba el primero,
soñaba caminos de charol,
caminando contigo por el pueblo.
Olivar que ya no estás,
la mano del hombre me ha privado,
de la compaña del olivar,
que desde chico he contemplado.
Te extraña el sol, por no alumbrarte,
por no continuar al suelo sujeto.
Te extraña el niño al que mostraste,
la gratitud del respeto.
Olivar, tu tronco te han despejado,
tus ramas se han vuelto mustias.
No ha sido el remedio encontrado
para curar tus heridas.
Un camino de muerte recorres,
hasta que el suelo te recibe.
Suenan ya de la muerte los sones,
suenan los llantos del niño que conociste.