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Oliverio Girondo

Tema en 'Biblioteca de Poetas consagrados en verso libre' comenzado por danie, 24 de Septiembre de 2015. Respuestas: 0 | Visitas: 1114

  1. danie

    danie solo un pensamiento...

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    6 de Mayo de 2013
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    Poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1891, en el seno de una familia adinerada que le procuró una
    esmerada educación en importantes centros educativos europeos.
    Estudió Derecho, y muy pronto, a raíz de sus contactos con los poetas exponentes de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos luego por «Calcomanías» en 1925, «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que constituye en su trabajo más audaz en el campo de la poesía.

    Al iniciarse la década de los años cincuenta, guiado por su interés en las artes plásticas, incursionó en la pintura con una marcada tendencia surrealista, gracias a su profundo conocimiento de la pintura francesa.
    En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas. En 1965 viajó por última vez a Europa y a su regreso a Buenos Aires, falleció en 1967.

    Se puede decir que su carrera literaria comienza en 1919 cuando concurre a las tertulias de José Ingenieros en el hotel París. En 1911, a los 20 años dirige el periódico artístico literario"Comedia"con René Zapata Quesada y Raúl Monsegur. En 1922 publica en una tirada limitada, impresa en Francia, "Veinte poemas para ser leídos en el tranvía", que incluye ilustraciones realizadas por él mismo. En 1924 participa en el periódico"Martín Fierro"junto a Samuel Glusberg y Evar Méndez. Allí publica diversos poemas y realiza hasta 1926 una serie de aforismos denominados"Membretes"

    "Los bustos romanos serían incapaces de pensar si el tiempo no les hubiera destrozado la nariz."

    Participó en numerosas revistas que señalaron la llegada del ultraísmo (la primera vanguardia que se desarrolló en la Argentina) como proa, Prisma y Martín fierro, en la que también escribieron Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal, la mayoría de ellos del grupo de Florida que en contraposición al grupo de Boedo se caracterizaba por su estilo elitista y vanguardista.

    Girondo fue uno de los animadores principales de ese movimiento. Y ejerció influencia sobre poetas de las generaciones posteriores, entre ellos el surrealista Enrique Molina, con quien tradujo Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud.

    Sus primeros poemas, llenos de color e ironía, superan el simple apunte pintoresco y constituyen una exaltación del cosmopolitismo y de la nueva vida urbana e intentan una crítica de costumbres.

    En 1925 publica su segundo libro, "Calcomanías", y la edición de bolsillo de "Veinte poemas..."

    En 1932, para la publicación de "Espantapájaros", lleva a cabo una extraña campaña publicitaria. Girondo realiza una réplica en papel maché del «espantapájaros-académico» que el pintor Bonomi había diseñado para la tapa del libro. El espanatapájaros fue colocado, según cuenta Norah Lange, (poetisa argentina que también fue su esposa) «en una carroza coronaria -de esas que llevan las flores y van detrás del coche fúnebre- tirada por seis caballos, con su auriga y lacallos, vestidos según la moda Directorio, apostados a cada lado». Además, alquiló un local en la calle Florida atendido por muchachas hermosas y llamativas para la venta del libro. La experiencia publicitaria resultó un éxito y el libro se agotó en un mes. El muñeco, que durante años presidió la entrada de su casa de Suipacha al 1444, hoy puede visitarse en el Museo de la Ciudad de Buenos Aires.

    En 1937 publica "Interlunio" por Editorial Sur, y en 1942 "Persuasión de los días".

    En 1946 publica el poema "Campo nuestro"

    Acerca de su último libro, "En la masmédula" (1953), Enrique Molina señaló: "Hasta la estructura misma del lenguaje sufre el impacto de la energía poética desencadenada en este libro único. Al punto que las palabras mismas dejan de separarse individualmente para fundirse en grupos, en otras unidades más complejas, especie de superpalabras con significaciones múltiples y polivalentes, que proceden tanto de su sentido semántico como de las asociaciones fonéticas". Algunos críticos relacionaron este último gesto vanguardista de Girondo con un libro igualmente desesperado, constructor y destructor del sentido:”Trilce”, del peruano César Vallejo.

    "Su poesía no es fácil y menos tranquilizadora, tiene el carácter inquietante de toda exploración de lo desconocido y significa el esfuerzo de un hombre que intenta penetrar en la densidad de lo indecible, para volver con su cosecha y ofrecerla como mensaje". Expresa Enrique Molina.

    Entre sus numerosas amistades figuran Salvador Dali, Macedonio Fernández, Rafael Alberti, Gómez de la Serna (quien publicó un ensayo sobre Girondo en "Retratos Contemporáneos")y Aus Keller (con quien asistía a tertulias llamadas "Peñas" de la revista "Martín Fierro")



    Algunas de sus obras


    ¡Azotadme!

    ¡Azotadme!
    Aquí estoy,
    ¡azotadme!
    Merezco que me azoten.
    No lamí la rompiente,
    la sombra de las vacas,
    las espinas,
    la lluvia;
    con fervor,
    durante años;
    descalzo,
    estremecido,
    absorto,
    iluminado.
    No me postré ante el barro,
    ante el misterio intacto
    del polen,
    de la cama,
    del gusano,
    del pasto;
    por timidez,
    por miedo,
    por pudor,
    por cansancio.
    No adoré los pesebres,
    las ventanas heridas,
    los ojos de los burros,
    los manzanos,
    el alba;
    sin restricción,
    de hinojos,
    entregado,
    desnudo,
    con los poros erectos,
    con los brazos al viento,
    delirante,
    sombrío;
    en comunión de espanto,
    de humildad,
    de ignorancia,
    como hubiera deseado...
    ¡como hubiera deseado!






    Balaúa


    De oleaje tú de entrega de redivivas muertes
    en el la maramor
    plenamente amada
    tu néctar piel de pétalo desnuda
    tus bipanales senos de suave plena luna
    con su eromiel y zumbos y ritmos y mareas
    tus tús y más que tús
    tan eco de eco mío
    y llamarada suya de la muy sacra cripta mía tuya
    dame tu
    Balaúa






    Calle de las sierpes

    A D. Ramón Gómez de la Serna

    Una corriente de brazos y de espaldas
    nos encauza
    y nos hace desembocar
    bajo los abanicos,
    las pipas,
    los anteojos enormes
    colgados en medio de la calle;
    únicos testimonios de una raza
    desaparecida de gigantes.


    Sentados al borde de las sillas,
    cual si fueran a dar un brinco
    y ponerse a bailar,
    los parroquianos de los cafés
    aplauden la actividad del camarero,
    mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
    hasta que pueda leerse
    el anuncio de la corrida del domingo.

    Con sus caras de mascarón de proa,
    el habano hace las veces de bauprés,
    los hacendados penetran
    en los despachos de bebidas,
    a muletear los argumentos
    como si entraran a matar;
    y acodados en los mostradores,
    que simulan barreras,
    brindan a la concurrencia
    el miura disecado
    que asoma la cabeza en la pared.

    Ceñidos en sus capas, como toreros,
    los curas entran en las peluquerías
    a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
    y cuando salen a la calle
    ya tienen una barba de tres días.

    En los invernáculos
    edificados por los círculos,
    la pereza se da como en ninguna parte
    y los socios la ingieren
    con churros o con horchata,
    para encallar en los sillones
    sus abulias y sus laxitudes de fantoches.

    Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
    trescientos doce curas
    y doscientos noventa y tres soldados,
    pasa una mujer.
    A medida que nos aproximamos
    las piedras se van dando mejor.





    Campo nuestro

    En lo alto de esas cumbres agobiantes
    hallaremos laderas y peñascos,
    donde yacen metales, momias de alga,
    peces cristalizados;
    pero jamás la extensa certidumbre
    de que antes de humillarnos para siempre,
    has preferido, campo, el ascetismo
    de negarte a ti mismo.
    Fuiste viva presencia o fiel memoria
    desde mi más remota prehistoria.
    Mucho antes de intimar con los palotes
    mi amistad te abrazaba en cada poste.
    Chapaleando en el cielo de tus charcos
    me rocé con tus ranas y tus astros.
    Junto con tu recuerdo se aproxima
    el relente a distancia y pasto herido
    con que impregnas las botas... la fatiga.
    Galopar. Galopar. ¿Ritmo perdido?
    hasta encontrarlo dentro de uno mismo.
    Siempre volvemos, campo, de tus tardes
    con un lucero humeante...
    entre los labios.
    Una tarde, en el mar, tú me llamaste,
    pero en vez de tu escueta reciedumbre
    pasaba ante la borda un campo equívoco
    de andares voluptuosos y evasivos.
    Me llamaste, otra vez, con voz de madre
    Y en tu silencio sólo halló una vaca
    junto a un charco de luna arrodillada;
    arrodillada, campo, ante tu nada.
    Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo,
    te me vas, despacio, para adentro...
    al trote corto, campo, al trotecito.
    Aunque me ignores, campo, soy tu amigo.
    Entra y descansa, campo. Desensilla.
    Deja de ser eterna lejanía.
    Cuanto más te repito y te repito
    quisiera repetirte al infinito.
    Nunca permitas, campo, que se agote
    nuestra sed de horizonte y de galope.
    Templa mis nervios, campo ilimitado,
    al recio diapasón del alambrado.
    Aquí mi soledad. Esta mi mano.
    Dondequiera que vayas te acompaño.
    Si no hubieras andado siempre solo
    ¿todavía tendrías voz de toro?
    Tu soledad, tu soledad... ¡la mía!
    Un sorbo tras el otro, noche y día,
    como si fuera, campo, mate amargo.
    A veces soledad, otras silencio,
    pero ante todo, campo: padre-nuestro.




    Dicotomía incruenta

    Siempre llega mi mano
    más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
    y forman una mano.

    Cuando voy a sentarme
    advierto que mi cuerpo
    se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
    adonde yo me siento.

    Y en el preciso instante
    de entrar en una casa,
    descubro que ya estaba
    antes de haber llegado.

    Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
    y que mientras me rieguen de lugares comunes,
    ya me encuentre en la tumba,
    vestido de esqueleto,
    bostezando los tópicos y los llantos fingidos.





    Dietética

    Hay que ingerir distancia,
    lanudos nubarrones,
    secas parvas de siesta,
    arena sin historia,
    llanura,
    vizcacheras,
    caminos con tropillas
    de nubes,
    de ladridos,
    de briosa polvareda.
    Hay que rumiar la yerba
    que sazonan las vacas
    con su orín,
    y sus colas;
    la tierra que se escapa
    bajo los alambrados,
    con su olor a chinita,
    a zorrino,
    a fogata,
    con sus huesos de fósil,
    de potro,
    de tapera,
    y sus largos mugidos
    y sus guampas, al aire,
    de molino,
    de toro...
    Hay que agarrar la tierra,
    calentita o helada,
    y comerla
    ¡comerla!





    El puro no

    El no
    el no inóvulo
    el no nonato
    el noo
    el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
    y nooan
    y plurimono noan al morbo amorfo noo
    no démono
    no deo
    sin son sin sexo ni órbita
    el yerto inóseo noo en unisolo amódulo
    sin poros ya sin nódulo
    ni yo ni fosa ni hoyo
    el macro no ni polvo
    el no más nada todo
    el puro no
    sin no







    Escrúpulo

    Me parece que vivo
    que estoy entre los ruidos
    que miro las paredes,
    que estas manos son mías,
    pero quizás me engañe
    y paredes y manos
    sólo sean recuerdos
    de una vida pasada.
    He dicho "me parece"
    yo no aseguro nada.





    Espantapájaros

    No sé me importa un pito que las mujeres
    tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
    un cutis de durazno o de papel de lija.
    Le doy una importancia igual a cero,
    al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
    o con un aliento insecticida.
    Soy perfectamente capaz de sorportarles
    una nariz que sacaría el primer premio
    en una exposición de zanahorias;
    ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
    bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
    Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
    Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
    tan locamente, de María Luisa.
    ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
    ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
    y sus miradas de pronóstico reservado?
    ¡María Luisa era una verdadera pluma!
    Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
    volaba del comedor a la despensa.
    Volando me preparaba el baño, la camisa.
    Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
    ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
    de algún paseo por los alrededores!
    Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
    "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
    ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
    para llevarme, volando, a cualquier parte.
    Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
    que nos aproximaba al paraíso;
    durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
    como dos ángeles, y de repente,
    en tirabuzón, en hoja muerta,
    el aterrizaje forzoso de un espasmo.
    ¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
    aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
    ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
    la de pasarse las noches de un solo vuelo!
    Después de conocer una mujer etérea,
    ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
    ¿Verdad que no hay diferencia sustancial
    entre vivir con una vaca o con una mujer
    que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
    Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
    la seducción de una mujer pedestre,
    y por más empeño que ponga en concebirlo,
    no me es posible ni tan siquiera imaginar
    que pueda hacerse el amor más que volando.







    Fuentes: http://amediavoz.com/girondo.htm

    https://es.wikipedia.org/wiki/Oliverio_Girondo
     
    #1
    A Antomar Alas le gusta esto.

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