ireneadler
Poeta recién llegado
La noche,
fría como el último abrazo,
imposible de negar, es la noche que recién comienza
de nuevo a la calle donde otros como nosotros vagan,
cuando cierres definitivamente la ventana,
vomitaré de dolor
y me arrastrará la angustia hacia el mar,
donde llegaré a lavar estas espinas.
Fría como el primer beso, esta noche te preparas
tú tienes derecho a irte
tu tienes arbitrio para olvidarme
tu tienes el poder de cerrar la puerta
y la ventana
y tu alma
y tu boca
tu tienes la potestad, hombre,
de decir las palabras, esas palabras que matan
que entran a la piel como bombas nucleares
dejando continentes de soledad
fría y húmeda y eterna
esta noche trae una fiebre
un delirio que ninguna madre calma
una certeza como la muerte amarillenta
como la declaración de guerra
como la sombra.
Hombre te he visto verla
y mil vientos han agujereado el himen de mi fe
como si hubiese nacido de nuevo
abriendo los ojos descubriendo un origen de cloacas
hombre
te he visto verla
y sonreír como si fuese un arma que me hiere
te he visto verla
y frente a mí abrazarla
como si fuese tu derecho por fin a respirar
hombre,
te he visto verla
te he visto sonreír
como si fuese tu derecho a herir
y mi condena el verte verla
el verte herirme
el respirar hiriéndome, hombre,
entiendo esto,
he abierto los ojos y me he visto viéndote viéndola
y no soy yo quien te ve
ni tu quien la miras
ni ella la que se deja ver
ella soy yo
yo soy tú
tú eres mí
te he visto viéndome viéndola
viéndote verte
viéndome verme,
hombre,
ya no existes.
fría como el último abrazo,
imposible de negar, es la noche que recién comienza
de nuevo a la calle donde otros como nosotros vagan,
cuando cierres definitivamente la ventana,
vomitaré de dolor
y me arrastrará la angustia hacia el mar,
donde llegaré a lavar estas espinas.
Fría como el primer beso, esta noche te preparas
tú tienes derecho a irte
tu tienes arbitrio para olvidarme
tu tienes el poder de cerrar la puerta
y la ventana
y tu alma
y tu boca
tu tienes la potestad, hombre,
de decir las palabras, esas palabras que matan
que entran a la piel como bombas nucleares
dejando continentes de soledad
fría y húmeda y eterna
esta noche trae una fiebre
un delirio que ninguna madre calma
una certeza como la muerte amarillenta
como la declaración de guerra
como la sombra.
Hombre te he visto verla
y mil vientos han agujereado el himen de mi fe
como si hubiese nacido de nuevo
abriendo los ojos descubriendo un origen de cloacas
hombre
te he visto verla
y sonreír como si fuese un arma que me hiere
te he visto verla
y frente a mí abrazarla
como si fuese tu derecho por fin a respirar
hombre,
te he visto verla
te he visto sonreír
como si fuese tu derecho a herir
y mi condena el verte verla
el verte herirme
el respirar hiriéndome, hombre,
entiendo esto,
he abierto los ojos y me he visto viéndote viéndola
y no soy yo quien te ve
ni tu quien la miras
ni ella la que se deja ver
ella soy yo
yo soy tú
tú eres mí
te he visto viéndome viéndola
viéndote verte
viéndome verme,
hombre,
ya no existes.