Alan Cuadrado
Poeta fiel al portal
En sus manos morenas, indígenas, vulneradas por la desolación y el trabajo duro de la tierra, aquella señora en medio de la más hermosa desesperación, con hartazgo en su ceno fluía ignorancia, arropaba a sus criaturas y rogaba a su Dios, que se parecieran a aquel otro señor con quién les regalaría y que en sus ojos azules desdeñaba la confianza de un futuro mejor, les recibió con una sonrisa que siempre desearían tener y con unos dedos cruzados en su espalda, esa señora se llamaba patria.