Estaba en la terraza, a más de 200 metros de altura, el viento soplaba fuerte y sus piernas temblaban en el filo de la cornisa. Abajo, los autos y la gente parecían las cosas más insignificantes que había visto en su vida. Estaba preparado, pero algo le impedía saltar, no sabía lo que era. Tal vez, otra insignificancia más en su vida. Se había bañado y vestido para la ocasión. Pero algo le perturbaba...nunca quiso dejar las cosas a medias. Saltó. Mietras bajaba se acordó: "mierda, no bajé la tapa del escusado..."