Corté el aire de tus palabras,
cerré mis ojos ante una lágrima
y al abrirlos, tus pasos se oían
lejos, una ninfa en la distancia,
maravilloso ser bailando con las sombras
tras un manto de niebla espesa,
ocultándose de mí bajo un claro de luna,
lúgubre pero de hermosura mística.
Recuerda ese abrazo de otoño, tan eterno
y colmado de paz, saciado de amor puro,
ese silencio que nos ofrecía la música
de nuestros latidos, intensos, apacibles,
marcando el tiempo y consumiendo siglos.
Probé el dulce néctar de tus labios benditos,
fogosos y colmados de lujuria santa
mientras gozaba del perfume de tu respiración.
Baila, princesa, consuma el culto al olvido,
intenta liberar tu mente de mi recuerdo,
procura creer que no me necesitas
pero no pretendas mentirle a tu alma,
no me devolverá mi esencia ya,
prisionera de tu existencia, por tí.