Once de Enero

Bella nostalgia con un pelin de cabreo final.

Un beso Ana, aunque veo que todo el mundo te llama Anita.



Gracias Manuel. Es verdad que hay un pelín de cabreo final, más que un pelín un melena entera.

Para que veas lo que es el mundo. Me he tirado media vida luchando con la gente de mi familia y de mi pueblo, que me llamaban Anita, para que me llamaran Ana y ahora llego a MP y todo el mundo me llama Anita y lo mejor del caso es que no me disgusta, jajajaja.

Un besazo enorme
 
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Hay algunos Onces de Enero en que la luna no está para fiestas ni el horno para boyos y nada resulta como queríamos. A pocos días de comenzar el año, ya todo un album cuajadito de esperas, carajo. Hay Onces de Enero en los que - a pesar de todo - la poesía no juega a las escondidas con nosotros ni se nos pone esquiva como el más preciado objeto del Deseo. Esta es una de ellas, mujer, así que... siendo ya Enero Quince celebro sin más a tu Once y lo lleno de Estrellitas.

Un abrazo, Anita.



Es que las esperas y las ausencias no entienden de años nuevos, Genia. Estas no se comen las uvas ni brindan con cava, estas siguen ahí jodiendo la marrana, jajajaja.

Un besote, preciosa
 
Como hoy ya es dieciocho, me permito mirar tus versos a una semana de distancia. ¿Sabes, poetisa? Eso de
Un Agosto durmiendo amaneceres
y acunando mantos de estrellas.
me parece una de esas cosas por las que el once de enero debería estar pintado de rojo en los calendarios.

Hay tristeza y melancolía y hermosura, también, en tus letras. Pero hay, sobretodo, la conciencia exacta de que el once de enero, mal que nos pese, pasa y vuelve y vuelve a pasar. El tiempo es lo que tiene, que va y viene, y no se detiene.

Así que desde un dieciocho efímero también (las olas del mar también lo son -efímeras- y son hermosas) de tu mismo enero, mi enhorabuena por tus letras.

Lo bonito que tienen los días que van pasando es que nos permiten disfrutar de nuevos amaneceres. Aunque las afirmaciones duerman esperando mensajes que no llegan y las veletas sean débiles frente a la brisa, llega el mar a abrazarte en miles de olas.

Ojalá te llegase el abrazo que yo, no siendo mar, quiero y no puedo darte.

Me descubro ante tus letras porque siempre me descubres cosas nuevas.

Un beso a ti en tu once de enero (y doce, y trece...).
 
Como hoy ya es dieciocho, me permito mirar tus versos a una semana de distancia. ¿Sabes, poetisa? Eso de

me parece una de esas cosas por las que el once de enero debería estar pintado de rojo en los calendarios.

Hay tristeza y melancolía y hermosura, también, en tus letras. Pero hay, sobretodo, la conciencia exacta de que el once de enero, mal que nos pese, pasa y vuelve y vuelve a pasar. El tiempo es lo que tiene, que va y viene, y no se detiene.

Así que desde un dieciocho efímero también (las olas del mar también lo son -efímeras- y son hermosas) de tu mismo enero, mi enhorabuena por tus letras.

Lo bonito que tienen los días que van pasando es que nos permiten disfrutar de nuevos amaneceres. Aunque las afirmaciones duerman esperando mensajes que no llegan y las veletas sean débiles frente a la brisa, llega el mar a abrazarte en miles de olas.

Ojalá te llegase el abrazo que yo, no siendo mar, quiero y no puedo darte.

Me descubro ante tus letras porque siempre me descubres cosas nuevas.

Un beso a ti en tu once de enero (y doce, y trece...).

Me llega tu abrazo Halloran, cómo me llegan los comentarios tan lindos que siempre haces a mis poemas. ¿Entiendes ahora porque te echo tanto de menos cuando desapareces? jajajaja. En serio, es un placer que te pases por mis ripios, Poeta.

Otro besazo enorme va orillita arriba, así que recógelo por la mañana.
 

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