danie
solo un pensamiento...
Hospedado en tu altozano
te dibujo con mis pupilas
y celo el perímetro que circunda
tu voz y su dulce melodía.
Trémula mi sombra
comienza el rito
que revela al beso,
el abrasivo y ferviente conjuro
que deja al tálamo erecto;
cuyo polen de colibrí
se escurre por mi pecho
y deja a las laderas
con un curioso silencio.
Los telones de los astros
se caen ante mis pies
y dejan la solemne ópera
al desnudo por completo.
Así la música de la sinfonía
se ajusta a tus encajes
de naturaleza atractiva;
yo simplemente ando acucioso
por catar de tus madrigales
los laureles y pimpollos,
el aguamiel de la vid
que cae de los sarmientos
esparcidos como retoños
por tu estival resguardo
que encuadra un arte
pintado por ángeles mimosos.
El telón está abierto,
la luna y su audiencia
se acomodan en sigilo
para no perder detalle
de esta pomposa ciencia:
la labor de un hombre
y una mujer que sólo expresan
con devoción y candor
la proeza del amor.
te dibujo con mis pupilas
y celo el perímetro que circunda
tu voz y su dulce melodía.
Trémula mi sombra
comienza el rito
que revela al beso,
el abrasivo y ferviente conjuro
que deja al tálamo erecto;
cuyo polen de colibrí
se escurre por mi pecho
y deja a las laderas
con un curioso silencio.
Los telones de los astros
se caen ante mis pies
y dejan la solemne ópera
al desnudo por completo.
Así la música de la sinfonía
se ajusta a tus encajes
de naturaleza atractiva;
yo simplemente ando acucioso
por catar de tus madrigales
los laureles y pimpollos,
el aguamiel de la vid
que cae de los sarmientos
esparcidos como retoños
por tu estival resguardo
que encuadra un arte
pintado por ángeles mimosos.
El telón está abierto,
la luna y su audiencia
se acomodan en sigilo
para no perder detalle
de esta pomposa ciencia:
la labor de un hombre
y una mujer que sólo expresan
con devoción y candor
la proeza del amor.