Como se dice, la muerte es el fin de la vida terrenal, y aunque muchas veces nos olvidemos de ella, sabemos que no será posible eludirla. La sentimos en la lejanía, convenciéndonos a nosotros mismos de que tardará una inmensidad en llegar el día en el que se nos cierren los párpados para no volverlos a abrir jamás. Nada más lejos de la realidad. Nadie sabe cuando nuestro nombre será inscrito en el obituario y la gente que nos quiere, llorará nuestra pérdida. Por eso vive, vive libre, feliz, arriesga, gana, pierde y remonta, haz un dribbling a los problemas y recupera la calma. Sólo así estarás seguro de que la muerte no es un mal, sino el descanso de una vida llena de plenitud. La afrontarás como una nueva experiencia, sin dejar eso sí, de sentir añoranza por lo que dejas atrás.