ORACIÓN URBANA DE SÍSIFO
Sisíficamente cargado con mis piedras
subo en penitencia hasta mi último recuerdo:
tú.
La aberrante contemplación de tus flores lacias,
de tu belleza arruinada
me consuela de mis pesares como hombre
pero yo aspiro a ser dios y no me basta.
Tu paso cotidiano por las aceras de barro,
tu encantamiento ante el metálico cantar de las cadenas
o escaparates vacíos que esperan su redención
no me bastan, repito, no me bastan,
para impedir el recuerdo de tus ojos-pedernales.
Te acompaño y te sustituiré por mis piedras
sisíficamente llevadas.
Siempre el río nos enviará sus canciones
en lóbregas madrugadas, oh virgen naufragada,
mientras me suministras el láudano o la poesía.
Aceptemos ya ser el fantasma bifronte
de la pareja humana,
válida todavía para compartir un periódico,
para susurrar recuerdos de mensajes esotéricos
o, simplemente, para volar juntos hacia la nada.
Descríbeme tus emociones a la hora de dormir
desnúdame tu alma, piedra tranquila o quinqué.
Ya ha pasado el último tranvía
pero aún guardan silencio los gorriones:
duerme, duerme tranquila entre los árboles en llamas,
entre las farolas iluminadas por globos oculares
de lánguidas miradas.
Duerme en la avenida donde los efebos
y los hombros desnudos de las opulentas cariátides
preparan la epifanía de las nuevas fábulas,
que alimentarán la ciudad
hasta que despiertes de tu esfíngeo silencio,
oh mía.
subo en penitencia hasta mi último recuerdo:
tú.
La aberrante contemplación de tus flores lacias,
de tu belleza arruinada
me consuela de mis pesares como hombre
pero yo aspiro a ser dios y no me basta.
Tu paso cotidiano por las aceras de barro,
tu encantamiento ante el metálico cantar de las cadenas
o escaparates vacíos que esperan su redención
no me bastan, repito, no me bastan,
para impedir el recuerdo de tus ojos-pedernales.
Te acompaño y te sustituiré por mis piedras
sisíficamente llevadas.
Siempre el río nos enviará sus canciones
en lóbregas madrugadas, oh virgen naufragada,
mientras me suministras el láudano o la poesía.
Aceptemos ya ser el fantasma bifronte
de la pareja humana,
válida todavía para compartir un periódico,
para susurrar recuerdos de mensajes esotéricos
o, simplemente, para volar juntos hacia la nada.
Descríbeme tus emociones a la hora de dormir
desnúdame tu alma, piedra tranquila o quinqué.
Ya ha pasado el último tranvía
pero aún guardan silencio los gorriones:
duerme, duerme tranquila entre los árboles en llamas,
entre las farolas iluminadas por globos oculares
de lánguidas miradas.
Duerme en la avenida donde los efebos
y los hombros desnudos de las opulentas cariátides
preparan la epifanía de las nuevas fábulas,
que alimentarán la ciudad
hasta que despiertes de tu esfíngeo silencio,
oh mía.
Ilust.: Giorgio de Chirico. “El que consuela.” 1958. De Pinterest.