Debajo se las sabanas, hundidos;
redoblan los quejidos y estertores,
resuenan los timbales y tambores,
traspasan la pared tus alaridos.
Siento todos mis besos muy perdidos
rogándole a los tuyos con clamores.
Regados por la prisa y los sudores;
de un ¡ay! y ¡dame más! están teñidos.
Movimiento febril que te depara
cabecear muy deprisa, como loca;
quizás mayor placer nunca encontrara.
En el final tu grito me provoca
que corra con mis labios a tu cara,
para poder taparte, al fin, la boca.
Cuando todo ha acabado, aún, quedan flecos
de mil gritos y frases sin sentido,
que llenan mi cabeza con sus ecos.
¡¡Que tremenda energía¡¡ estoy sudando. jajajajaja.
Manuel Sal Menéndez.