Johan Sebastian
Poeta recién llegado
ORGULLOSA ANGUSTIA.
Tantas noches lloradas,
lágrimas derramadas por un corazón
que no entendía cómo el amor
lo esquivaba sin contemplación.
Tantas horas perdidas,
con sentimientos que se diluían
con el claro del amanecer,
reapareciendo con el ocaso del sol.
Tantas palabras escritas,
oxidadas por un uso sin control
de un dolor que no calla,
regocijándose en su intensidad.
Tanta quietud del cuerpo,
tanta movilidad interior,
estáticos los ojos en un punto
que se perdían en una ilusión;
ruidosa dinámica de emociones
que sólo creaba una obsesión.
Miserias exhultantes, vanagloriadas,
grandezas en un pozo,
incrédulas del ser que no les daba lugar,
por temor a no sufrir más
espantado de no poder amar.
Rogóceme que no la mencionara
justo ahora que termino de comprenderla,
empatía frágil, que tiende a escapar
como el hombre tiende a internarse
por caminos de angustias inauténticas
que arrastran a preguntas sin sentido,
a reproches al destino,
a la vida misma,
decidido a dejarse llevar
por pasiones no entendidas
o por una voluntad incoherente.
Del hombre gobernado por el azar
resulta una víctima orgullosa.
Tantas noches lloradas,
lágrimas derramadas por un corazón
que no entendía cómo el amor
lo esquivaba sin contemplación.
Tantas horas perdidas,
con sentimientos que se diluían
con el claro del amanecer,
reapareciendo con el ocaso del sol.
Tantas palabras escritas,
oxidadas por un uso sin control
de un dolor que no calla,
regocijándose en su intensidad.
Tanta quietud del cuerpo,
tanta movilidad interior,
estáticos los ojos en un punto
que se perdían en una ilusión;
ruidosa dinámica de emociones
que sólo creaba una obsesión.
Miserias exhultantes, vanagloriadas,
grandezas en un pozo,
incrédulas del ser que no les daba lugar,
por temor a no sufrir más
espantado de no poder amar.
Rogóceme que no la mencionara
justo ahora que termino de comprenderla,
empatía frágil, que tiende a escapar
como el hombre tiende a internarse
por caminos de angustias inauténticas
que arrastran a preguntas sin sentido,
a reproches al destino,
a la vida misma,
decidido a dejarse llevar
por pasiones no entendidas
o por una voluntad incoherente.
Del hombre gobernado por el azar
resulta una víctima orgullosa.
Seba.