musador
esperando...
Alguna vez he pensado
este asunto que planteas
y tuve algunas ideas
aunque no las he ordenado.
Quizás es disparatado,
pero esta comparación
merece quizás mención:
la lengua tiene caprichos
como los tienen los bichos
que nos aman con unción.
Si con detalle se mira
sus reglas tienen razones
aunque abunden excepciones
que provocan nuestra ira.
De cuando en cuando delira
y tiene caprichos varios
que parecen arbitrarios:
nada que en una pareja
provoque más que una queja
sin mayores comentarios.
La lengua tiene su historia
de la que abundan los rastros,
escritos en los catastros
que conservan su memoria.
Alguien con fácil euforia
y ajeno a sus sutilezas
por limar las asperezas
puede hacer un buen desastre:
no es sensato que se arrastre
el trigo con las malezas.
Esa lengua milagrosa
donde cual peces nadamos
a diario la envenenamos
con negligencia asombrosa.
En esta selva frondosa
hay hoy partidos del verde
que me piden que recuerde
la sagrada ecología:
¿y no habrá acaso quien ría
si una palabra se pierde?
El lenguaje evoluciona
siguiendo sus propias leyes,
no tiene por suerte reyes
que lo aten con su corona.
Cómodos en la poltrona
nada cuesta legislar,
otra cosa es observar
la inmensidad de la lengua
proveyéndola sin mengua
de lo que pide en su altar.
El poeta es sacerdote
que administra el sacrificio,
si acaso un verso es propicio
será de la lengua un brote.
Cada palabra es un bote
lanzado a la dulce mar
de la lengua por sembrar
en sus más feraces sombras
esa luz de que te asombras:
puedes tu lengua alabar.
este asunto que planteas
y tuve algunas ideas
aunque no las he ordenado.
Quizás es disparatado,
pero esta comparación
merece quizás mención:
la lengua tiene caprichos
como los tienen los bichos
que nos aman con unción.
Si con detalle se mira
sus reglas tienen razones
aunque abunden excepciones
que provocan nuestra ira.
De cuando en cuando delira
y tiene caprichos varios
que parecen arbitrarios:
nada que en una pareja
provoque más que una queja
sin mayores comentarios.
La lengua tiene su historia
de la que abundan los rastros,
escritos en los catastros
que conservan su memoria.
Alguien con fácil euforia
y ajeno a sus sutilezas
por limar las asperezas
puede hacer un buen desastre:
no es sensato que se arrastre
el trigo con las malezas.
Esa lengua milagrosa
donde cual peces nadamos
a diario la envenenamos
con negligencia asombrosa.
En esta selva frondosa
hay hoy partidos del verde
que me piden que recuerde
la sagrada ecología:
¿y no habrá acaso quien ría
si una palabra se pierde?
El lenguaje evoluciona
siguiendo sus propias leyes,
no tiene por suerte reyes
que lo aten con su corona.
Cómodos en la poltrona
nada cuesta legislar,
otra cosa es observar
la inmensidad de la lengua
proveyéndola sin mengua
de lo que pide en su altar.
El poeta es sacerdote
que administra el sacrificio,
si acaso un verso es propicio
será de la lengua un brote.
Cada palabra es un bote
lanzado a la dulce mar
de la lengua por sembrar
en sus más feraces sombras
esa luz de que te asombras:
puedes tu lengua alabar.
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