Os ha nacido un niÑo....

roberland

Poeta asiduo al portal
En algún oscuro lugar,
alguna fría y sucia patera,
nace hoy el niño Jesús.
En algún lugar un pescador
ve una luz y la sigue,
hasta llegar a cierto punto
donde la luz se detiene.
-todos al agua- se escucha,
-todos al agua y recordad
que os estoy regalando una vida,
que os estoy allanando el futuro,
a cambio quiero vuestras posesiones,
vuestra ilusión-.


Un mar inmenso, 300 metros para el destino,
el niño Jesús, Jose y María abandonados en agua
demasiado niño para caminar sobre el agua
demasiado pobre para un salvavidas comprar
qué final puede esperarse en la inmensidad del mar
qué final puede esperarse si el niño aun no sabe nadar.
La madre del niño se ahoga, la madre del niño se va
entre cansancio y sufrimiento, ya sin fuerzas de luchar;
el niño comienza a llorar;
el padre buscando a su esposa,
esa esposa que ya no está,
que se perdió entre las olas,
que no sabía nadar, el padre también comienza a llorar
y las lágrimas de sus ojos se funde con el agua de la mar
y la sal de sus lágrimas con la mar se va a juntar;
padre e hijo que lloran a una esposa y madre que no está,
padre e hijo que lloran y gritan a un mundo que no quiere escuchar.


A lo lejos alguien mira,alguien grita en lengua extraña,
y a sus gritos respuesta no parece hallar,
solo se escucha llanto, sólo se respira dolor y tensión
y el oceano justiciero ante dos almas que esperan su final.


Una mano desde arriba dispuesta a ayudar
una mano distinta a la que a punta de pistola le obligó a saltar
-debe ser la mano de un ángel, pensó aquel que esperaba su final,
una mano del cielo, una mano que sujetar.
Padre e hijo abrazados intentando conservar el pequeño hilo de vida
que el mar y el tiempo no lograron aun cortar.


Oscuridad, vacío sólo el eco de su llanto volvían a escuchar
a su alrededor el mar y su inmensidad.
Un grito, una esperanza, alguien dispuesto a ayudar.


Con sus últimas fuerzas y luchando contra el mar
el padre entrega su hijo a unas manos desconocidas,
ajenas pero dispuestas a evitar el fatídico final.
Jesús y José a salvo o amenos eso todo parece indicar,
nada más lejos que la realidad.


El padre, al borde de un ataque de frío,
tembloroso mira a su hijo con melancolía
sabiendo que había llegado su final,
extiende la mano como para despedirse
y se entrega a la muerte, empapado hasta los huesos.


Al fin tierra firme...llegan los reyes magos
y al pequeño niño Jesús le regalan oro,
para quitarse del frió y conservar su calor.
Al tierra firme sin el vaivén y el frío del vasto mar.
 

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