Alan Gabriel
Poeta recién llegado
Las heridas se abren una vez más,
La sangre negra comienza a brotar,
Las venas se secan, tu carne mantiene su color,
La razón desaparece en los mares del ayer.
La noche me abriga, pero el crepúsculo me acosa,
No hay escapatoria, las paredes se cierran en tu boca.
Distante de la realidad, amante de la locura,
tu cadáver desprende la fragancia seductora de pasión y venganza.
¿Puede alguien amarte aún en la muerte?
Daría mis vacíos sentimientos por un sí,
¿Puede alguien liberarte de tu infierno?
Ahogaría mi voluntad y me arrodillaría por libertad,
¿Puede alguien curar tus miserias?
Abriría mis cicatrices más y más para acostumbrarme al dolor,
Pero, ¿pudo alguien haberlo hecho por ti mientras estabas con vida?
Silencio dentro de mí,
Ahora que sabes quien soy no podrás librarte jamás.
Interrogante: ¿Quién soy para ustedes queridos poetas amantes de la nostalgia, la miseria y la desesperación? ¿Quién soy para aquellos a quienes acompaño en las noches eternas y de cuyas pesadillas me alimento con placer?
Estoy tan adentro de ustedes que a muchos les cuesta reconocerme y manifestarme en su oscuro ser.